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sábado, 26 de marzo de 2016

Rascando la Tierra de los cárteles (Cartel Land)


Da para mucho el mundo de la droga. Bien lo saben Brian de Palma, quien nos mostró su poder con Tony Montana (Al Pacino) en 'Scarface' (1983), Soderbergh, quien captó en 'Traffic' (2000) los efectos en Estados Unidos y también Denis Villeneuve, con quien vimos en 'Sicario' (2015) cómo agentes americanos se adentraban en el laberinto de los cárteles mejicanos. En todos ellos se plasmaba la droga como la nueva moneda de cambio, la cual servía a los cárteles mejicanos como herramienta para infundir el terror en su pueblo. Un miedo que acomplejaba al pueblo pero provoca la respuesta armada de éste. Mathew Heineman, autor de 'Tierra de cárteles', muestra entre luces de heroísmo y sombras de incógnitas la defensa armada de civiles contra los cárteles.


Heineman muestra desde un principio el dolor que provocan los narcos mejicanos, reflejando largamente el entierro de las víctimas de los cárteles. Desde el inicio toma un posicionamiento que ya no abandonará en todo el documental. Divide el protagonismo en dos bandos de ideologías diferentes. Por una parte, acompaña al líder del comando Arizona Border Recon, Tim Nailer Foley quien promueve el discurso de Trump. La simplicidad ideológica del comando de Nailer los lleva a vigilar armados la frontera, evitando la incursión de ilegales mejicanos y traficantes sin distinciones. La sobriedad con que Heineman ilustra a estos vigilantes de la frontera contrasta con el carisma y la grandiosidad con que retrata a José Manuel Mireles, líder de los comandos contra la autodefensa de la unidad de civiles hacia la autoridad de los narcos. Se acompaña a Mireles en su rutina alejada de las balas: su consulta médica en un hospital o sus estancias con su familia y las mujeres... Se engrandece con música al individuo de Mireles, presentándolo como un ser divino que se encuentra por encima del bien y el mal. Un mal representado no solamente en los narcotraficantes que aterrorizan México sino también en las administraciones públicas -policía, ejército y gobierno- corrompidas por el poder de los cárteles, dejando en la mente del espectador que los ciudadanos de México se encuentran abandonados ante el poder del caos que controlan los cárteles. Una anarquía armada que surge al margen de la ley para derrocar el terror de los narcos.


Se alaba la presencia de grupos armados que luchan contra la tiranía de cárteles y pandillas, pero desaparece cualquier visión crítica hacía Mireles y su grupo armado. Luchan contra miembros del cártel 'Los caballeros templarios' o contra aquéllos que creen que son miembros del cártel. Aprueba Heineman el ejercicio bélico, pues se enfrentan con las mismas armas que los cárteles, balas y sangre, contra toda aquel que se presupone que forma parte de uno. Capturan a presuntos miembros de los Caballeros Templarios, los interrogan y los hacen desaparecer del mapa. Se desconoce su final, pero se intuye que no vuelven a ver a su familia. Contrasta de Heineman su apuesta por lucir con excelente sobriedad el discurso racista de Nailer y sus compañeros de patrulla de la frontera con el de Mirales. Se acerca tanto al ejercicio de acción armada de Mireles, que se difumina la crítica. Se alaba correctamente la heroicidad de las autodefensas contra el terror de los traficantes de drogas y personas, pues la cámara se encuentra en medio de los disparos entre las Autodefensas y los narcotraficantes.

A pesar de la proximidad de la cámara en el conflicto, Heineman no logra ahondar en las capas que forman tanto los grupos de autodefensa de Mireles como en el comando de Nailer. Rasca la superficie de una tierra dura, seca y cubierta de sangre que convierte a cualquier individuo en juez de su propia ley.

Lo mejor: cómo se desenvuelve y aproxima la cámara en un entorno de peligro.
Lo peor: la poca capacidad crítica de Heineman, como la profundidad en el tema.

Nota: 8/10


Tráiler:


Sinopsis:
Documental que narra cómo civiles armados deciden enfrentarse a los cárteles mexicanos. Muestran tanto la visión de los americanos que vigilan la frontera entre Estados Unidos y México como la de los habitantes de los pueblos mexicanos controlados por los narcos que deciden retomar el control de su pueblo.

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