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domingo, 24 de abril de 2016

'Madame Marguerite', un acertado desatino

Érase una aristócrata francesa cuya pasión, motivo que la mantenía con vitalidad e ilusión, era la música, más concretamente cantar ópera, con una peculiaridad: es incapaz de poner una mísera nota en el lugar que toca, desafina horrores, pero nadie se atreve a decírselo. 'Madame Margarite' es una inusual tragicomedia que te hará reír a carcajadas mientras tus oídos lloran sangre, es la libre adaptación que Xavier Giannoli inventa sobre la vida de la peculiar artista americana Florence Fosten Jenkins.


Ubicada en la Francia de los años 20 e interpretada por una espléndida Catherine Frot; Margarite Dummont es una mujer casada por amor con un hombre (André Marcon) que si alguna vez la intentó amar, nunca lo consiguió y ahora sólo siente compasión y vergüenza por alguien a quien considera una especie de monstruo. Margarite, etérea e ilusa, se refugia en la música para darle un sentido a su vida, vacía por la carencia de profesión y de amor. Pero para su afición, a la que tanto tiempo y cariño le dedica, carece absolutamente de talento; el conflicto radica en que ella parece desconocerlo.

El hecho de que todos callen la evidencia - unos por miedo, otros por diversión y otros por interés monetario, o por todas las causas al mismo tiempo -  marca la tragedia, una tragedia edulcorada por la cantidad de situaciones cómicas. Además, nuestra protagonista se llama Margarite Dummont, tocaya de esa grotesca gorda objeto de burla de los hermanos Marx. Este guiño es indicador de que el director francés inclina la balanza hacia el territorio del humor, decisión que puede no gustar a todos, no obstante, es una decisión valiente de satisfactorio resultado.

La película, grabada con un detallismo que requiere más de un visionado, retrata la mezquindad de la aristocracia, pero también da palos a la arrogante vanguardia e incluso a la servidumbre, que se muestra retorcida y codiciosa. Es prácticamente una sátira social, donde el patriotismo, la caridad burguesa y la modernidad farsante son ridiculizadas, mientras que la ilusión de la extraña heroína, que se deja engañar por todos ellos, es ensalzada.

‘Margarite Dummont’ dura más de dos horas, pero no aburre porque sorprende y atrapa, y porque a esto se le añade la abertura de unas tramas subalternas que, si bien no llegan a cerrarse, aumentan la intriga y la curiosidad del espectador.

Es una obra, en términos generales, entretenida e inteligente, a pesar de los pequeños excesos sensoriales que se producen sobre todo en los ensayos que mantiene Dummont con su extravagante maestro Attos Pezzini (Michel Fau)  y su tropa de acompañantes. Bastante aconsejable, se puede gritar un brava al final de la película y aplaudir.


Para aquellos que esperaban una historia más cercana a la verdadera vida y obra de ­­­­Florence Fosten Jenkins, el año que viene tendrán lo que esperan, ya que Stephen Frears nos trae un biopic de la americana, esta vez encarnada por la celebérrima Meryl Streep. El Script también nos lo contará.

Lo mejor: La sutileza con la que no se deja títere con cabeza.
Lo peor: La exageración con la que son retratados varios personajes.

Valoración: 7/10

Javier Haya

Tráiler



Sinopsis
París, años veinte. Marguerite Dumont es una mujer adinerada, amante de la música y la ópera. Desde hace años canta regularmente frente a su círculo de amigos, pero lo hace absolutamente fuera de tono y nadie se atreve a decirle la verdad. Tanto su marido como sus amigos, se han dedicado siempre a mantener su fantasía. Todo se complica el día que ella decide presentarse frente a un verdadero público en la ópera

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