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miércoles, 19 de abril de 2017

Crítica de 'Manchester frente al mar'; la crudeza de una realidad sin filtros

La nueva cinta de Kenneth Lonergan, estrenada unos meses atrás, consiguió ganarse un merecido hueco entre las grandes apuestas, a pesar de tener un ineludible corte de película independiente. El tercer largometraje del director catapultó su nombre a las más altas esferas hollywoodienses, pues sus dos anteriores trabajos, a pesar de contar con nombres de peso en su reparto, pasaron sin pena ni gloria, cosechando críticas dispares y sin llegar a calar en el público.


Con ‘Manchester frente al mar’ Lonergan apostó fuertemente, e indudablemente ganó. El filme nos trae a primer plano a un Casey Affleck que realiza la mejor actuación de su carrera. Bien es sabido que es, de largo, mejor actor que su hermano, quien funciona mucho mejor detrás de las cámaras, pero por si quedaba alguna duda, la estatuilla que le mereció este papel las despejó completamente.


Esta es una historia profundamente dramática, una tragedia moderna revestida de los marítimos tonos azulados que serán el panorama de fondo de la trama. El potente tráiler, en el que se incrustaban todas las críticas triunfales de la prensa para dar mayor veracidad del contenido, ambientado con el tema de Matthey Perryman Jones, Land of the living, ya nos acercaba a la realidad de la que después podríamos ser testigos en la sala. Bien es cierto que hubo un importante cambio: la canción, y el acertado montaje, daban a entender que la cinta gozaría de cierta espectacularidad emocional que nos llegaría a través del audiovisual; cuando visionamos la película esto cambia, pues vemos sobriedad, normalización en cada una de las acciones y sucesos y esto, lejos de ser una contrariedad, se erige como un acierto.


El director parece rehuir la mencionada espectacularidad; no hay exageraciones teatrales, no hay una épica banda sonora de fondo realzando el dramatismo de lo que se nos cuenta, no. Lo que vemos es tan cotidiano, tan exento de edulcoración, que resulta de un dramatismo abrumador y exorbitante. Esta realidad exhibida sin filtro alguno es la que nos llega y nos golpea sin que apenas nos percatemos. Escenas que exudan una desgarradora crudeza, una violencia trágica y unas emociones que nos harán sentir en la piel del protagonista, algo que nadie, en su sano juicio, desearía experimentar jamás.


La historia parece querer narrarnos cómo Lee Chandler (Casey Affleck), deberá hacerse cargo de la tutela de su sobrino tras el repentino fallecimiento de su hermano. Una trama que nos acerca la adaptación, la superación y la compenetración entre el joven y su tío, ahora tutor legal. Ambos personajes parecen esconder sus sentimientos, rehuyendo el exhibirlos ante el otro, normalizando una situación que, evidentemente, les estará carcomiendo por dentro. La única duda que nos queda, más en referencia a Lee que con para su sobrino, es qué rondará en la mente de este frío e ido personaje.

Para seguir comentando los aspectos de la trama, advertir previamente que el presente párrafo contiene importantes spoilers. Dicho esto, el espectador se percata, avanzada la cinta, de que aquello de lo que realmente trata la película se nos está dando, gota a gota, en forma de historia encubierta, que sale a relucir en el momento oportuno. Sabemos que Lee mantuvo una relación amorosa que ya murió, pero lo que se nos estaba ocultando es que la pareja se disolvió a raíz de un terrible suceso: a causa de un error de Lee, se provocó un incendio en su hogar que se cobró la vida de sus tres hijos. De esto trata realmente la película, de cómo superar un golpe tan tremendo, de cómo un ser humano queda completamente vacío, prácticamente incapaz de experimentar en adelante sentimiento o emoción alguna que no estén impregnados de dolor y sufrimiento. Una vida que se apaga, que pierde los colores que la hicieron brillar, una existencia que carece razón de ser. Una historia de pérdida, de superación, narrada a través de dos historias, pero cuyo mayor y abismal peso radica en esta segunda, en la que cambió a Lee para siempre.


Todo un lujo de interpretaciones por parte de un reparto (que completan, principalmente, Michelle Williams, Kyle Chandler y Lucas Hedges) que, más que cumplir sobradamente, consigue brillar en esta cinta en la que, como comentábamos, se le extirparon todos los tintes de espectacularidad para dejar, como resultado, una realidad tal cual podría ser vivida por cada uno de los espectadores, otorgándole ese estilo de película independiente que, ni aun así, pudo evitar ser un éxito de la crítica y adentrarse en los Oscar para dejar una profunda huella, alzándose, además de con la estatuilla a mejor actor de reparto, con la de mejor guión original. Una cinta que han tildado de obra maestra y que, en varios aspectos, bien podría serlo. 

Valoración: 9 / 10

Lo mejor: el guión, las interpretaciones, el desarrollo de la trama y el estilo empleado.

Lo peor: prácticamente nada. Por decir algo, que no haya mayor fuerza en algunas escenas. 


Trailer:



Sinopsis:

Lee Chandler (Casey Affleck) es un solitario encargado de mantenimiento de edificios de Boston que se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano Joe ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, del que tendrá que hacerse cargo. De pronto, Lee se verá obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció.

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