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lunes, 11 de diciembre de 2017

Molly's game, ¡que comience la partida!

Sin ser la intención de un servidor sonar despectivo, una forma eficaz de detectar una americanada es aquella en la que la película comienza ejemplificando el dolor del fracaso con casos deportivos y a la hora de citar al fútbol -debería decir soccer- se les ocurre mostrar a la selección estadounidense. Para colmo dejando fuera a Guatemala -ahí, metiendo el dedo en la llaga abierta por el imperialismo yankee- y haciendo gala una vez más del egocentrismo absoluto de una nación que sólo ve muros cuando traspasa sus fronteras.


El caso del fútbol es sólo un síntoma, como lo es el hecho de calificar a la obra 'El crisol', de un americano como lo fue Arthur Miller, como la mejor obra literaria del siglo XX. Las consecuencias son más graves: el sentimentalismo de la relación padre e hija que mantienen los personajes de Kevin Costner y Jessica Chastain, el implacable y rotundo discurso de Idris Elba frente al fiscal en la defensa de Molly, la constante voz en off tan propensa a mostrar mucho menos de lo que se dice y a presentar los personajes con palabras en lugar de con imágenes o hechos, el final edulcorado...

Sí, el primer largometraje de Alan Sorkin, uno de los guionistas más laureados de los últimos tiempos con obras como 'La red social'  (2010) o con series como 'El ala oeste de la Casa Blanca' (1999) o el culebrón disfrazado de drama periodístico llamado 'The Newsroom' (2012), es una americanada. Pero es una americanada muy entretenida. Los diálogos, como nos tiene acostumbrados Sorkin, son dinámicos y agudos; la narración es fresca, el relato va y viene del pasado al presente sin que nos dé tiempo a aburrirnos en ninguno de los dos tiempos. Sorkin marca bien los tempos -sin intención sonar redundantes- y recurre a la analepsis tal y como hiciera el padre del personaje tocayo de nuestra protagonista, James Joyce, aunque el 'Ulisses' no sea la más superlativa novela de su tiempo según Elba y Chastain, y a pesar de que el tocho del irlandés diste de ser tan trepidante como esta película -aunque esto lo supongo, no he leído a Joyce.


Perdónenme los que continúen leyendo si sueno un poco abstruso. No es mi intención. Quizás sea por no ponerlos en antecendentes. 'Molly's Game', que se podrá ver en salas españolas a partir del cinco de enero, trata el auge y declive de la reina del póker Molly Bloom. El personaje es real y, en mayor o menor medida, Sorkin escribe el guión en base al libro que la propia Molly escribió y que es citado en la película. Explayarme más en la historia sería perder el tiempo y destripar la trama.

Tampoco me corresponde determinar cuánto de verídico hay en la historia de Sorkin comparado con la vida -o al menos la novela- de Bloom, aunque parece ser que las intenciones de Molly no eran tan loables como las de Chastain en la película. Ya sabéis que la heroicidad es otro de los más importantes factores cinematográficos a la hora de hacer una película de ficción en los Estados Unidos. Lo que omite la película y resulta curioso es que en las glamurosas partidas de esta mujer jugaban actores de la talla de Leonardo DiCaprio, Ben Affleck o Tobey Maguire.


Y hablando de Maguire, al parecer el hombre araña era, o es, un ludópata en toda regla. En la película lo interpreta un dulzón Michael Cera, incapaz de impregnar de crueldad o irascibilidad la pantalla por mucho que diga "a mí no me gusta jugar al póker, a mí me gusta joder vidas". De hecho, resulta significativo que a Maguire lo interprete una de las pocas estrellas de Hollywood con un aspecto más pueril que él -sólo se me ocurre Jesse Eisenberg, que en la mitad de sus treinta sigue tan lampiño como Cera- porque es uno de los únicos dos personajes masculinos antagonistas con nacionalidad americana.

El resto son mafiosos rusos y un borracho irlandés que constantemente hace el ridículo frente a su amada Molly. En definitiva, otro factor clásico de las americanadas: convertir al extranjero en villano, y si es necesario que sea de nuestro gran país, al menos que aparente ser un niño y se comporte o hable como tal, de este modo sus faltas estarán justificadas. Eso sí, luego el mesías es de raza negra, para contrarrestar.


Otro comportamiento muy típico de los americanos es pensar ya no sólo que el mundo se limita a su país, sino que con ellos nació todo. Esta impresión que lleva el etnocentrismo a una dimensión temporal se refleja sobre todo en la generación millenial y el movimiento cultural indie, y se ve reflejado por ejemplo en la crítica de David Ehrlich en el IndieWire que cataloga la ópera prima de Sorkin como la primera gran película sobre póker -tiene la decencia de preceder este juicio de valor con el adjetivo discutible-; Henry Gondorff se retuerce allá dónde yazca.

(Hago un aparte para decir que no es este un caso aislado, salgan a la calle y pregunten a todos los modernitos que se saben discografía entera de grupos como Crystal Fighters o Vetusta Morla por el nombre de los componentes de The Beatles, o a los que se saben los diálogos de Wes Anderson  por su cineasta japonés clásico favorito)


Si en algo está en lo cierto Elrich es que la película gana enteros cuando la cámara enfoca la mesa de póker, todo lo que ello envuelve, y especialmente a Jessica Chastain, ideóloga y madre del enredo. Chastain está radiante, espléndida, gélida cuando solo tiene que ser fría, tierna cuando se le pedía que no fuese blanda. Pero eso no es noticia, y aún podría haber estado más pletórica si al guión no le sobrase tanto verbo, tanta voz machacona, tanta redundancia. También habría estado mejor Elba si su personaje fuese menos prepotente, defecto que no pega nada con el aura que se le quiere dar a Charlie Jaffey, de altruista y auténtico abogado de vocación

Aun así, la película se hace corta y entre medios da tiempo a soltar un par de carcajadas. Entretenimiento algo banal dadas mis pretensiones antes de entrar en la sala: esperaba ver un relato de corte más feminista que realzase las virtudes de una mujer en un mundo de lobos corruptos. A los lobos los veo, pero ella no es lo que se pueda llamar un ejemplo. Además, a la postre, el hecho de que el abogado y el juez sean quien salven los muebles poco dice a favor de una Molly ya pasada por agua a esas alturas. Me llevo, eso sí, el poder haber visto la película en la misma sala que toda una Jessica Chastain.

Lo mejor: Jessica Chastain.
Lo peor: La palabrería, el patriotismo y rematar con una frase de Winston Churchill.

Valoración: 5/10

Javier Haya

Tráiler


Mejor que: ¿'Resacón en las Vegas' (2009)?
Peor que: 'El golpe' (1973), deberían proyectarla en la redacción de IndieWire.


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