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jueves, 27 de noviembre de 2014

Kingdom


Seguramente si quisiera que dejaras de leer esta misiva en este mismo instante citaría los tags que podrían definir (en líneas generales) la temática de la nueva serie de Audience Network. Lucha, ring, droga, gimnasio, Venice beach, cárcel. Digamos que no son los temas que puedan cautivar ahora mismo a una audiencia ya muy experimentada y acostumbrada a una avalancha continua de series nuevas de todo pelaje. Sin entrar en que el porcentaje de renovadas o de calidad ha ido bajando exponencialmente en los últimos años (debate a hacer o al menos para reflexionar), hay ciertos nichos aún inexplorados que, como es el caso, nos pueden dar la sorpresa.

No sólo el hecho de que ya se hayan encargado sendas temporadas de la misma (2015 y 2016) nos pone sobre la pista de lo bien realizada que está esta serie, también crítica y público han puesto su granito de arena para que lo que podía ser un triste drama de hormonas, ciclos y “musculitos” machacándose en el gimnasio se convierta en una introspección en temas tan delicados como la familia, el autocontrol o “sobrevivir” al éxito.


Alvey Kulina (Frank Grillo, “Prison break” y “La noche más oscura”) es el propietario de un gimnasio dedicado principalmente a la forja de luchadores de Artes Marciales Mixtas (MMA) cuya familia y mejores amigos están directamente relacionados con el negocio y con las tentaciones y problemas que el mismo y dicha disciplina pueden acarrear. Preocupado principalmente por mantener a flote un gimnasio que ha visto tiempos mejores, su esperanza reside en que sus hijos se conviertan en grandes estrellas mientras consigue captar nuevos clientes para entrenar allí.


Sus hijos tienen caracteres muy dispares y, aunque comparten el gusto por la lucha, a su joven padre no le va a resultar fácil alejarlos del mundo de la droga, la prostitución o incluso las peleas callejeras. El menor, Nate Kulina (Nick Jonas, sí, el mismo, el de los Jonas Brothers, pero no dejes de leer aún) puede convertirse en el nuevo objeto de deseo de todos los managers de la zona si vence su próximo combate. Sano y disciplinado, es el ojito derecho de Alvey y, posiblemente, una de las pocas oportunidades que tiene de salvar su trabajo. Jay Kulina (Jonathan Tucker, “Las vírgenes suicidas” y “Parenthood”) en cambio es la viva imagen del vividor que ha ganado unos cuantos combates pero se ha rodeado de malas compañías y no mantiene ni un sólo dólar en su cartera. Más adelante sabremos que no es tan fácil definir a ninguno de estos personajes.


Para añadir un poco de dramatismo a todo esto está la salida tras cuatro años en la cárcel de Ryan Wheeler (Matt Lauria, “Lipstick jungle” y “Friday Night Lights”), el mejor amigo de Alvey y ex pareja de su actual novia. Antiguo campeón en este arte marcial, sus reuniones de la condicional nos dejan claro que ha conseguido renovar su cabeza y dejar atrás los errores de su juventud. Es otra de las bazas para mantener el negocio abierto si consiguen meterle de nuevo en el ring, aunque no será nada fácil teniendo en cuenta que está intentando rehabilitarse y evitar acercarse demasiado a una chispa que le pueda hacer recaer y devolver a prisión.

¿Qué más necesitas? Una novia/ex novia de dos buenos amigos, dos hijos luchando por el reconocimiento de su padre pero con muy diferentes maneras de ver la vida, el terrible mundo de las drogas y como consigue apoderarse de la mente de muchos de ellos, los excesos y el sexo, las bandas (latinas, como no) que acechan la ciudad, la necesidad de demostrar quién es el más fuerte y forzar el cuerpo al máximo (atento a la escena de entrenamiento de Nate vestido con traje especial para sudar haciendo estática dentro de una sauna), por lo que no se puede decir que no tengamos ingredientes suficientes para al menos ver un par de episodios y quedarnos enganchados.



Personalmente creo que es una gran serie. Te mantienen pegado al sofá desde el minuto uno, muy buen ritmo, actores muy naturales, la música acompaña muy bien las transiciones, “Jonas brother” hace grande su papel consiguiendo desencasillarse completamente de su imagen de ídolo de quinceañeras, aunque ligeramente sea previsible y un poco demasiado cruda. Las escenas de lucha son explosivas, pero no son gratuitas ni  se usan como gancho, son simplemente reales y están en el momento que tienen que estar. Además siempre está la gracia de contar los innumerables “fuck” que se repiten diálogo tras diálogo.

Espero que te guste y te haga reutilizar ese carné de gimnasio que pagas cada mes y llevas años sin utilizar.


Gaby Martinez

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