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jueves, 7 de abril de 2016

La princesa Mononoke, maldición o bendición

Hacía tiempo que no comentábamos nada sobre películas que no fueran de Europa o América. Por ello, hemos querido volver por todo lo alto, con una película que, sin duda, a más de uno le habrá emocionado, ya sea cuando la vio de pequeño (recordemos que es de 1997) o vista siendo más mayor. No obstante, si algo hay que reconocer al anime es que está dirigido a todas las edades, y eso es lo que Hayao Miyazaki nos muestra en cada una de sus obras, incluida ésta.


Para los que no saben de qué trata esta película, está protagonizada por un chico, Ashitaka, que, por defender a su pueblo, es portador de una maldición que le irá matando por dentro si no consigue hacer nada para remediarlo. Por esto, deberá abandonar su pueblo y adentrarse en los bosques en busca de alguien que le dé una solución antes de que su tiempo se acabe. No obstante, podríamos decir que esta maldición también tiene su parte buena, ya que, a pesar de que crece conforme al odio que sienta la persona, también hace que la fuerza de su portador se multiplique por diez.


Aunque a más de uno le parezca una película más, debemos saber lo que realmente su director nos quiere transmitir. Durante todo el trayecto, Ashitaka conoce a gran cantidad de gente, a diferentes pueblos, cada uno con sus costumbres y rarezas. Sin embargo, vemos cómo en todos el afán de poder por parte del hombre se hace evidente. Miyazaki hace una representación de la sociedad que se hace patente en cada uno de sus dibujos. Esto llevará, como ocurre actualmente, a que el hombre, por sus ganas de ser el "dios" de la tierra, destruya todo lo que hay a su paso, e incluso lo que les da de vivir. En este caso, también hay que destacar la figura de la mujer como un ser muy importante dentro de la historia, algo no muy común en el cine en general. Y es que es una mujer la que lidera a todo un pueblo para llegar a su objetivo. Miyazaki pone a la mujer por encima del hombre, dándole una vuelta de tuerca a lo que estamos acostumbrados a ver en el cine.


Cuando Ashitaka conoce a San, comienza a descubrir que hay algo mucho más allá de lo que conocía y ve la importancia de todos los seres que habitan su entorno. Deberá luchar para evitar que los pueblos que quieren destruir la naturaleza por el simple hecho de sentirse superiores consigan su objetivo. Dentro de esta lucha, también apreciaremos todas las señales y metáforas que nos va mostrando el director a través de las secuencias.  Y es que, sin decirnos nada, nos muestra al odio como un demonio, un demonio que todos llevamos dentro y que no podemos dejar que nos controle o acabará devorándonos por dentro.


Otra cosa que queda patente es que con la ayuda de unos pocos se pueden hacer muchas cosas que podrían o, en este caso, deberían haber evitado. Sin embargo, a la hora de remediarlo, la solución es más difícil de lo que parece, y es por ello que en este film queda demostrado que hacer el mal es fácil, lo difícil es hacer el bien, así que hagamos caso al director y no convirtamos lo bueno en malo solamente por el afán de poder de unos pocos.

Lo mejor: Todo lo que transmite de principio a fin.

Lo peor: La complejidad del mensaje que algún niño no llegará a entender.

Valoración: 8/10


Tráiler


Sinopsis

Con el fin de curar la herida que le ha causado un jabalí enloquecido, el joven Ashitaka sale en busca del dios Ciervo, pues sólo él puede liberarlo del sortilegio. A lo largo de su periplo descubre cómo los animales del bosque luchan contra hombres que están dispuestos a destruir la Naturaleza.

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