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domingo, 31 de julio de 2016

'Green room', ruina gris

A muchos sorprendió Jeremy Saulnier con su segundo largometraje, 'Blue Ruin' (2013), un thriller vengativo de una elegancia y cuidado espectaculares. Soy uno de esos muchos que, con cierto mosqueo por el poco ruido que hizo en salas una obra de tanta calidad, esperaba impaciente otro trabajo de Saulnier. Mi espera terminó con el estreno de 'Green room', otro thriller -menos brillante- que se decanta más por el contenido gore y el terror psicológico. Lástima que no pueda reivindicar a este interesante director de la misma forma que habría hecho el año pasado.

Rockeros, skinheads y algún que otro pitbull son los protagonistas de esta pesadilla cinematográfica cuyos ingredientes son  -cómo no- la violencia, la sangre, la música punk, el miedo y una larga cadena de crímenes.

Con el actor de culto Patrick Stewart en la cabeza del reparto como líder de la panda de neonazis descontrolados, creyentes de la posesión del poder que les permite destruir todo aquello que les incordia. Las víctimas indirectas son un grupo de música punk testigos de un vil asesinato,  Darcy, el personaje de Stewart, no desea incriminación alguna a las autoridades y se servirá de todos sus secuaces para evitar que así sea.


'Blue Ruin' combinaba las escenas de tensión con la nostalgia que desprendía Macon Blair, con imágenes de las playas de Virginia y muchos momentos de transición. Esa aura de belleza y dolor es suprimida por Saulnier, que prefiere esta vez atar al espectador a la butaca a base de una saturación de suspense, el entrar y salir de los camerinos dura demasiado.

El director aplica a la película el mismo ritmo que la música que interpretan Anton Yelchin y compañía: muchos gritos y ningún silencio, es música que puede entretener y sorprender, pero no la veo capaz de emocionar, de recorrer profundos laberintos, todo se queda en la superficie. Golpes y vísceras.


Y sin embargo, la película tiene alma, empapa al que esta al otro lado de la pantalla de un miedo racional: ¿quién está a salvo si un rebaño de radicales se cruza en su camino?¿Cómo controlar a personas que apoyan, por uno u otro motivo, semejantes ideas? A pesar del borreguismo de los neonazis, se advierten diferentes posturas y pensamientos entre los miembros, hasta los grupos aparentemente más cohesionados sufren escisiones: los celos, la traición, la duda son factores decisivos, de vida o muerte, en situaciones extremas como la que relata la película, y eso, Jeremy Saulnier sabe mostrarlo a la perfección.

Aun siendo personajes superficiales, se advierte una variedad entre los diversos, y al clima de violencia se le suma un ambiente muy oscuro bien construido en el garito de skinheads. Es difícil advertir lagunas en este thriller construido con repaso y sentido. Eso sí, no tiene la estética ni los criterios temáticos propios del neo-noir como 'Blue Ruin', sino más bien la forma de una pesadilla gris, un desastre de anécdota, una ruina. Se trata más bien de noventa minutos sobre la lucha por la supervivencia y el miedo a la represalia que acaba con infinidad de golpes, heridas, cabreos y algún ligero giro inesperado de última hora, propio de las películas de suspense, pero que no sorprende gran cosa.


Lo mejor: Voy a serle fiel, Macon Bair.
Lo peor: Que tras 'Blue Ruin', no satisface las expectativas.

Valoración: 6/10

Javier Haya

Tráiler

Sinopsis
Tras presenciar un asesinato en un bar, los miembros de una banda de música punk son encerrados en una habitación del local por los autores del homicidio: una pandilla aterradora de neonazis que reivindican la supremacía blanca. Su líder es el dueño del bar (Patrick Stewart), un tipo que no quiere dejar testigos de lo sucedido.

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