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Mostrando entradas con la etiqueta Alfred Hitchcock. Mostrar todas las entradas
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lunes, 23 de octubre de 2017

'Psicosis', los infelices años de Norman Bates

'Psicosis' es, todavía hoy, más de medio siglo después de su estreno, una de las grandes películas de terror de la historia del cine. Quizás, la película más representativa del género del Hollywood clásico y la que mejor ha perdurado en el imaginario colectivo durante generaciones. Con apenas una melodía inquietante, el resonar de los cuchillos que se frotan, el fuera de campo y algún juego de luces (el chef Alfredo no necesitaba más ingredientes) 'Psicosis' crea una tensión sobrenatural a pesar de versar sobre asuntos mundanos.


Sólo a Alfred Hitchcock se le ocurriría hacer desaparecer para siempre a su protagonista a la media hora de película cuando, hasta el momento, Marion Crane (Janet Leigh) se dejaba ver  en la práctica totalidad de los planos. Otros genios, como Billy Wilder, optaban por comenzar la casa por el tejado y mostrarte, en la primera escena, el cadáver de Joe Hillis flotando en la piscina para desde ese momento contarte cómo había llegado hasta ahí. Nolan (salvando las distancias) en 'Memento' (2000) también hace guiños al final desde el principio... Formas de narrar hay muchas, pero prescindir durante más de media película de la fuerza de Janet Leigh es una osadía que pocos se atreverían a cometer. El personaje de Leigh, aunque inmoral y oscuro, deja con su partida una ausencia inquietante, es una sensación extraña, que pocas veces se da en el cine, la sensación de dejar la trama principal amputada por la mitad (como si se tratase de un capítulo de Los Simpsons en el que el punto de partida se olvida al momento), ¿qué sucede con el dinero que ha robado? El dinero es la excusa para que el espectador victimice en un primer momento más a Marion que su propio amante o su hermana, cuya actitud deja entrever que piensan que se ha fugado con el dinero: Marion Crane es como Pedro, sólo que Hitchcock dibuja tan sutilmente su personaje que a simple vista parece una simple oveja de su propio rebaño.


Marion Crane es un personaje contradictorio, en su impulsividad parece haber cierta reflexión, como si fuese capaz de  vislumbrar todos las consecuencias de un acto en décimas de segundo. La serenidad de su rostro, apenas inmutable (excepto cuando se mete en el cuarto de baño), contrasta con las dudas internas sobre sus actos que se escuchan a través de conversaciones imaginarias que sus seres cercanos mantienen en su ausencia (recurso clásico, quizás demasiado explícito, pero que no queda del todo mal al darse sólo un par de veces mientras conduce). Es capaz de pasar del bien al mal con la misma presteza con la que se cambia de sostén.


Si me detengo tan detalladamente en el personaje de Crane es porque ella afecta al comportamiento de todos los personajes, incluyendo a los que no les conocen como el detective Abergast (Martin Balsam). El guión de Joseph Stefano perfila mucho más por encima la psicología de Marion que el libro de Robert Boch que adapta, pero en apenas diez minutos podemos suponer las frustraciones y los deseos incumplidos de esta mujer insatisfecha con su mediocre existencia. El poder de concreción (que al parecer yo no poseo) es un don muy difícil de pulir, pero tanto Stefano como Hitchcock lo poseen.

La vida insatisfecha de Crane corresponde con la de miles de mujeres americanas vulgares y subordinadas como ella que les toca vivir los felices años 50 de la posguerra americana, tan hipócritas y artificiales como los felices años 20 en los que Edward Hooper pintó su casa al lado de las vías, el paradigma de la estupidez de la ostentación con esa mansión en mitad de la nada que le sirvió a la Paramount para construir en sus estudios el caserón de la familia Bates (debe de ser espectacular poder ver ese decorado, que cuentan que sigue alzado en alguna parte de los estudios). Hitchcock desfigura la atmósfera de su escenario, la triste soledad que evoca el cuadro la convierte en terrorífica soledad, en un mar de sombras entre la niebla, presagio de malos augurios.




El otro gran personaje de la película (el resto actúan más como medios para llegar al desenlace que como sujetos propios, son entes vacíos, incluso Lila, la hermana, interpretada por Vera Miles) es Norman Bates (Anthony Perkins). De apariencia ingenua, de rasgos pueriles y agilidad de adolescente, Perkins, al cual le pesó demasiado el éxito de esta película, posee todos los elementos para engañar al espectador.  Hitchcock juega más con la luz con él que con ningún otro, aunque en este aspecto, el genio Alfredo juega sucio, emplea las sombras con los personajes sin establecer distinciones ni significados.



El recurso empleado de forma más notable es el encadenado, los pararelismos visuales son precisos y brillantes: el desagüe y el ojo, Norman y el cadáver de su madre. El resultado final, aunque con una penúltima escena que arruina en cierta medida la película, es un relato terrorífico que conecta, como bien dice el destacado crítico Roger Ebert, con nuestros miedos.


Lo mejor:  La capacidad de síntesis, la precisión por el detalle y los cambios respecto a la novela que agilizan y dan más poder a la historia.
Lo peor: La explicación de varios minutos del trastorno psicológico de Bates insulta por su redundancia y le resta varios enteros a la película.

Valoración: 7/10

Tráiler


Mejor que: Psicosis II  (1982) y Psicosis III (1986), imagino.

Peor que: 'Sed de mal' (1958) de Orson Welles, con la cual mantiene ciertos puntos en común.

lunes, 27 de junio de 2016

'Crimen perfecto', la importancia de los pequeños detalles

Hace 50 años que François Traffaut escribió 'El cine según Hitchcock', libro que sería fruto de una reunión en la que el joven cineasta francés entrevistó al hombre que consideraba uno de los mejores directores de cine del mundo. Esos días de conversaciones y confesiones se plasmaron en unas páginas que se han convertido, con el tiempo, en un hito de la literatura sobre cine. Este año, el documentalista Kent Jones ha adaptado el libro a la gran pantalla con imágenes de archivo y entrevistas de laureados directores actuales.

El festival Cinema Jove de Valencia tampoco ha querido ignorar este aniversario y le ha dedicado un ciclo de cine esta semana (del 17 al 24 de junio) a estos dos grandes cineastas, proyectando cada noche películas en el Jardín de Viveros. Os traigo la crítica de una de las películas que se han podido disfrutar sobre el genio de Leytonstone: 'Crimen Perfecto'.

Si existe o no el crimen perfecto es un asunto que debió de privarle del sueño en más de una ocasión a Alfred Hitchcock. No se explicaría si no que lo tocase tan a fondo en algunas de sus películas más alabadas como son 'La soga' (1948) 'Crimen perfecto' (1954). En esta última cinta realiza una deconstrucción extenuante de un asesinato: Tony (Ray Milland) es un ex-tenista casado con Margot (Grace Kelly), ella le engaña y él lo sabe, y por eso decide contactar con un antiguo compañero de dudosa moral para quitársela de en medio.

Hitch opta en esta ocasión por una puesta en escena muy teatral, casi el 90% de la acción se desarrolla en la misma habitación, que sin embargo se nos muestra de forma detallista desde múltiples ángulos y con distintas lentes. El predominio de una cámara a altura baja aporta mayor profundidad a la habitación y también más estabilidad. Es otra demostración más del dominio cinematográfico del maestro del suspense, capaz de crear una atmósfera agobiante, de contar una historia entretenida con recursos limitados.

Ni el guión ni la trama son especialmente buenos, como suele ocurrir con las películas de Hitchcock, quizás demasiado rebuscados, demasiado inverosímiles. Aunque muchas veces la realidad le da una lección de humildad a la ficción, y podría ser éste un caso. Los personajes masculinos son demasiado astutos, capaces de planear todo hasta el más mínimo detalle, de encontrar excusas al instante, de sortear los imprevistos conforme aparecen... Y después de desmantelarlo todo paso por paso, a la perfección, sin explicación ni aviso previo, parecen seres omniscientes: primero Tony; luego el amante de Margot, Mark (Robert Cummings); y por último el inspector Hubband (John Williams).


Si el trío de personajes masculinos hacen avanzar hacia el desenlace de una forma ágil aunque impostada, Grace Kelly está mas natural y bella en el papel de ingenua adúltera; ofrece un contrapunto interesante junto al atormentado Charles Swann (Anthony Dawson). El technicolor es otro gran acierto, le proporciona un brillo precioso, sobre todo en el azul de los ojos de Margot.

La película cae, como es obvio, en los fangos de la moralidad: la justicia debe salir ganando, los malos merecen castigo... Es la máxima del Hollywood de la autocensura de esa época, el espectador sabe que Hitch no tiene más remedio que aceptarla y que no es reacio a hacerlo, aunque provoque al principio a Hays y compañía con esos besos entre Margot y Mark algo más largos de lo prudencial. A pesar del final en gran medida esperado, 'Crimen perfecto' es muy divertida. Poco importan los primeros planos que nos anticipan detalles fundamentales para la resolución del conflicto, la conversación y la acción son muy dinámicas. Al final resulta que el misterio no es sino un juego en el que el espectador forma parte de su resolución.

Actualmente, a Hitchcock se le permiten mil licencias que en sus tiempos la crítica le rechazaban: las trampas con la luz, la configuración exagerada de los personajes, la distorsión de la realidad... Se ha convertido en uno de los genios de primerísima división del séptimo arte cuando antes era poco más que un bufón de las masas, el encargado de divertir a miles de ciudadanos americanos y europeos que buscaban evasión en las salas de cine. Los críticos de Cahiers du Cinéma lo reivindicaron al comienzo de los 60, le dieron prestigio y lo calificaron de cineasta sin igual.

A mi parecer no merece ser ninguneado, ni sacrilizado. Alfred Hitchcock es un gran realizador de películas, uno de los mayores directores de suspense de la historia, perfeccionista e innovador en el plano técnico; aunque algo más despistado en cuanto a la profundidad temática de sus historias. En todo caso, entretener es una función muy compleja, y Hitch entretiene como pocos: 'Crimen perfecto' es un gran ejemplo.

Lo mejor: El carácter teatral tan dotado de intriga.
Lo peor: La increíble habilidad de los personajes.

Valoración: 7/10

Javier Haya

Tráiler



Sinopsis

Tony Wendice (Ray Milland), un frío y calculador tenista retirado, planea asesinar a su bella y rica esposa (Grace Kelly) porque sospecha que le es infiel, pero sobre todo porque desea heredar su gran fortuna. Para llevar a cabo su plan, chantajea a un antiguo camarada del ejército y lo convence para que, en su ausencia, entre en la casa y mate a su mujer.
 
 
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