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lunes, 21 de noviembre de 2016

IX edición de La Cabina, 'La gruta' y otras claves del festival

La Cabina se ha erigido en menos de una década de historia como una de las citas culturales anuales más importantes de la ciudad de Valencia, el festival internacional de cine es único en su especie, ya que proyecta exclusivamente mediometrajes, es decir, cintas con una duración de entre 30 y 60 minutos.

Desde 2008, fecha de la primera edición, el festival no ha dejado de crecer poquito a poco. De las 500 personas que asistieron ese año, se ha pasado a más de 8300 espectadores. En 2008 se recibían poco más de treinta pelis, menos de las 45 que este año se proyectaban entre las tres secciones: Sección Oficial, Amalgama e Inèdits. De hecho, la selección de los 24 mediometrajes de la Sección Oficial se ha realizado entre más de 400 obras que han llegado hasta las manos de Carlos Madrid (director del festival) y su equipo.

                         (Cartel de la edición de este año, diseñado por Jorge Lawerta)

En la sección oficial, la gran ganadora ha sido 'La gruta', dirigida por Vicent Le Port que ha conseguido el premio a Mejor Mediometraje y a Mejor Dirección. Se trata de una obra de suspense, por momentos puro terror (nada fácil de ver en un festival como La Cabina), en el que una niña sordomuda se pierde en una pequeña isla de la costa bretona y Cèleste, una joven que trabaja en el lugar, es la encargada de rescatarla. Le Port opta por grabar en un blanco y negro muy turbio y algo tramposo que ayuda a crear la sensación de angustia de un lugar presumiblemente acogedor como la verde Bretaña. El argumento tiene algunas lagunas importantes -¿cómo se supone que sobrevive "el monstruo" tanto tiempo (y porque en los créditos se le presenta como el monstruo)?¿Trata Le Port de ajustar su historia a la realidad o admite interpretaciones fantásticas?-, pero consigue parecer gótica y mística, como si fuese un sueño tranquilo y triste que de repente, sin previo aviso, se convierte en una convulsa pesadilla.

    (Fotograma: 'La gruta')

El premio a Mejor Dirección me convence. Pero si me das a elegir, de las que he tenido la oportunidad de ver, me quedo con 'Discos y fotos', una producción finesa de Pia Andell al que yo le otorgaría el premio a Mejor Mediometraje. Es una obra psicológica compleja, en el que en apenas media hora, se refleja de manera amplia y emotiva la personalidad de una adolescente, Martta (Maissi Heikkila, la hija de la directora), que a raíz del amor por la fotografía compartido con su recién fallecido abuelo, descubre un secreto sobre la vida de este que desconocía su propia hija. La película retrata en tiempo récord una relación materno-filial con sus lazos y disensiones, con un guión muy humano, unos personajes tiernos y muy definidos... Se trata de un limpio espejo de la cotidianidad y sus miserias que cuenta, por supuesto, con una fotografía preciosa. Pero por encima de todo, me quedo con la evolución del personaje de Martta, capaz de enamorarte en treinta minutos cuando en el primer fotograma parece una rubia del montón más, superficial y fría como las tierras que habita. Es tímida pero a la vez decidida, valiente, callada y empática.

    (Fotograma: 'Discos y fotos')

Del resto que pude visionar, 'Iceberg' posee la virtud de presentar una conclusión potente que borra algunos fallos de su repetitiva y anodina historia (que por otro lado es el objetivo de Matthieu Z'Graggen) sobre el conserje de una pista de patinaje sobre hielo. Los finales siempre me han parecido la asignatura pendiente de la mayoría de mediometrajes que he visto en mi vida, pero en este caso, aún siendo abierto, consigue redondear en cierta medida una obra sobre comportamientos asociales, sobre la falta de deseos y la pereza.

'Un gran silencio' consiguió agradar al 'abuelo de la Filmoteca', bastante descontento con las cintas escogidas por el general en la mayoría de ocasiones. Se trata de un consistente drama social dirigido por Julie Gourdain sobre un hogar para jóvenes embarazadas de hijos no deseados.

Me quedo con  ganas de ver muchos de los otros mediometrajes a Sección Oficial, como la ganadora del Premio del Público, 'Mouth', que cuenta la historia de una joven campeona de bit-box. O 'El secuestrador de perros', o 'El hermano'... Lo cierto es que todo el programa resultaba bastante atrayente.

    (Fotograma: 'Une grand silence')

En cuanto a la Sección Amalgama de esta edición, diez obras de género documental que por la transgresión de ciertas convenciones cinematográficas merecen estar en una clasificación distinta, se ha prestado una especial atención en esta edición al conflicto palestino-israelí con hasta tres obras que versan sobre el cruento enfrentamiento entre ambas partes: 'Women in sink', cine minimalista que explora las opiniones de mujeres cristianas, judías y musulmanas, opiniones  sobre política, amor e historia expresadas mientras la directora, Iris Zaki, les lava el pelo en una peluquería de Haifa, casi la totalidad de la cinta está grabada en un plano cenital de la cámara sobre la pila. 'A man returned' es un sobrio y crudísimo documental grabado en plano secuencia sobre un joven heroinómano palestino que vive en los campos de refugiados del Líbano y espera a su novia de la adolescencia para casarse con ella, es un relato sobre sueños rotos y promesas complicadas muy impactante. Pero quizás el más atractivo sea 'Freedom to kill the others' children', en el que David Varela nos muestra la doble vara de medir del Estado israelí dependiendo de la parte del territorio en la que se cometan los crímenes. Ligeramente maniqueo, pero el trabajo de Varela es esclarecedor y valiente, con un título tan descorazonador como cierto.

'Freedom to kill the others' children' se ganó la mención especial del jurado de la Sección Amalgama, mientras que el premio a mejor mediometraje en esta sección de obras de arte y ensayo fue para 'Mientras hay vida, hay esperanza'.

    (Fotograma: 'Freedom to kill the others' children')

Además, La Cabina ha incluido como elemento inédito hasta la fecha, el premio al Mejor Cartel con un jurado de ilustradores y diseñadores propios, una iniciativa del miembro del jurado Xavi Calvo y del propio Carlos Madrid. El galardón ha ido a parar a la obra experimental francesa 'Limbo', el póster es espeso e inquietante, seguramente como el mediometraje, otro de tantos que me quedo pendiente.

                            (Cartel de 'Limbo')

Pero no todo el monte es orégano, ni toda La Cabina es buen cine. También es humor, como el que ofrecieron el grupo cómico CinemaScupe tanto en la gala de inauguración como en su espectáculo en la Fábrica de Hielo donde se dedicaron a comentar el material de calidad más dudosa no seleccionada para el festival en clave de humor. Asimismo, la nota musical la puso el grupo valenciano Ratolines. En todo caso, hubo mucho arte la pasada semana en Valencia. Esperamos ya ansiosos a la décima edición de la cita cinematográfica más importante de la capital del Turia. Aún quedan muchas medias horas que cubrir, emplearemos algunas de ellas en ver mediometrajes e impulsar este formato de cine tan interesante.

    (Gala de inauguración de la Cabina, presentada por CinemaScupe)

Por cierto, podéis encontrar el resto del palmarés en el siguiente enlace:


PALMARÉS LA CABINA 2016


Javier Haya

Vídeos


martes, 27 de septiembre de 2016

'Pajaritos y pajarracos', las viejas aves residentes

Entre la comedia surrealista y el panfleto ideológico planea 'Pajaritos y pajarracos', obra de esa ave enorme, descomunal (aunque no se dejen engañar por su tamaño, que al final resultó ser presa en lugar de depredador) que es Pier Paolo Passolini. Escritor y cineasta convertido en mito por su trágica muerte, por su pensamiento crítico, por sus polémicos escritos y sus curiosos experimentos fílmicos.

Aprovecho, antes de entrar en materia, para recomendar a aquellos que me lean que visiten la Filmoteca de Valencia (en el edificio Rialto de la Plaza del Ayuntamiento), donde los meses de septiembre y octubre, se proyecta (entre otras ofertas) un ciclo dedicado a las extrañas parejas del séptimo arte, ciclo repleto de interesantes títulos. Vayan, almas benevolentes, al cine, que siempre es una experiencia interesante.
Con unos créditos iniciales realmente sorprendentes (me río yo de los de 'True Detective'), a plano fijo y musicados por el eterno Ennio Morricone, comienza el camino de los dos protagonistas: el “absurdo, humano, loco y tierno” Totò y el el listo e inocente” Ninetto Davoli. Para cuando el camino empieza, eso sí, el viaje ya ha terminado. Muestra por tanto Pasolini, desde el principio de la obra, su reniego a una vida que impide el progreso, llenando su guión de sinsentidos y 'sindioses'.
"Para cuando el camino empieza..." yo me quedo rezagado, me fatiga tanto disparate y tengo que parar a coger aire, me cuesta entrar en la película, entender a dos personajes tan excéntricos. Tengo los pies empapados, a Valencia le ha entrado la pena súbita y llora mucho y muy fuerte tras varios meses con el lagrimal seco, el proyeccionista debe de andar también pensando en la lluvia porque ha tardado un cuarto de hora en darse cuenta de que nos estamos perdiendo la mitad de los subtítulos, bueno en realidad tres cuartos de los diálogos, porque el traductor terminó la tarea pronto. Para colmo, tengo a dos señoritas sentadas a mi izquierda que no han aprendido los modales que requieren la proyección de una obra fílmica.
Poco a poco, conforme me voy sintiendo más seco y a gusto, voy entrando en la película, repleta de simbolismos y alegorías en ocasiones muy claras pero en otras retorcidas, cuyo entendimiento requiere de plena atención por parte del espectador. La aparición estelar del cuervo (Francesco Leonetti) inicia un nuevo relato incrustado dentro de la historia principal, en el que Pasolini aprovecha por introducir sus inquietudes católicas, aunque eso sí, enseña como la bienintencionada fe de los hermanos Ciccilo y Ninetto (interpretados por los mismos Totò y Davoli) no puede responder ante necesidades materiales de primer orden.

La introducción de un cuervo que habla (amén de otros pájaros que se comunican con los dos bufones), la vulgaridad de los protoganistas, los páramos que sirven de escenario ¿con Estambul de fondo?, los disparates, los chistes fáciles y los chascarrillos originales, la ausencia de trama, el predominio absoluto del diálogo, por supuesto, el alto nivel de simbolismo y abstracción, etc. Hacen de 'Pajaritos y pajarracos' el primer alejamiento radical de Pasolini respecto del Neorrealismo. Ahora los problemas sociales y las preocupaciones humanas ya no son tratadas con sobriedad y severidad, sino más bien con tono cómico, absurdo si se prefiere. Ya no es el Pasolini de 'Accattone' (1961), ni de 'El evangelio según San Mateo' (1964). Los dos protagonistas, más bien gente corriente y ordinaria como eran Antonio y Bruno en 'Ladrón de bicicletas' (1948), pero en lugardel aura noble y trágica que tienen los personajes de De Sicca, Totò y Ninetto son dos bufones que desesperan más que entretienen al espectador. Lo único en lo que se asemeja la película al estilo neorrealista es el predominio tan vasto del gris, la ausencia de contraste en la fotografía.
Escribía José Luis Garcia Sánchez en cierta ocasión que la comedia española no era ciertamente comedia, no al menos ciñéndonos a la definición de los diccionarios, en el de María Moliner se explica como: "obra de asunto ligero y desenlace feliz", a la comedia se le presupone cierto buen gusto, liviandad y ambabilidad, pero en España desde Cervantes a 'Luces de Bohemia' (que se clasifica de comedia paradójicamente) han predominado "las obras de asunto importante y desenlace terrible". Y comenta que sólo hay otra cinematografía con parecidas características: la italiana. Llena de transgresiones morales, de desastres personales, de personajes tullidos y harapientos.

Si se piensa en las comedias españolas más conocidas: todo Berlanga, con el paradigma de 'Plácido' (1961), las primeras obras de Álex de la Iglesia o el propio Almodóvar hay que darle toda la razón a García Sánchez. Si se piensa en 'Pajaritos y pajarracos', también. Sólo pensar que hay un negro llamado Hannibal Vegetariano, o que pretende hacer broma de una pobre familia hambrienta ya son pruebas suficientes. El final es más terrible que ninguno porque termina tal y como ha empezado: "¿A dónde se dirige la humanidad? ¡Bah!", la historia da vueltas en círculo, todos los errores se repiten.
Pero es que además la perorata marxista del cuervo es agotadora (y se pretende que sus intervenciones resulten graciosas), las conversaciones incoherentes de padre e hijo, las situaciones absurdas... todo parece tratado como mofa y sin embargo toca asuntos muy serios, desde la religión hasta la muerte. Y sin embargo otra vez, muchas veces la historia da lugar a situaciones muy divertidas, otras tantas incluso hasta dan ganas de reírse a gusto. Aún así, se mezcla en un guirigay junto a las intenciones políticas y las creencias metafísicas de un Pier Paolo que llegó a confesar que se había excedido con los asuntos ideológicos.

Indudablemente hace falta más de un visionado para entender toda la simbología, los juegos con el lenguaje, el significado oculto de las palabras y las imágenes. Pero sólo es necesario una para darse cuenta de que 'Pajaritos y pajarracos' es una rareza, desde los créditos iniciales, a la chaqueta noventera de Ninetto pasando por los movimientos gráciles de un cuervo que a saber como se haría en 1966 (quizás estuviese amaestrado de verdad, no he encontrado nada que me lo aclare). Una película con anacronismos y, todo sea dicho de paso, que bien merece una restauración, por lo menos la copia que tiene la Filmoteca de Valencia.
'Pajaritos y pajarracos' no es un mirlo blanco dentro de la historia del cine, tampoco son los gorriones y los halcones de la película: no vuela muy lejos ni demasiado alto, pero sorprende verlo. Es más bien un urogallo, una agradable rareza, con excesos y con aciertos. Es Pasolini.

Lo mejor: Los créditos iniciales son un eclipse de luna, aunque el cuervo también mola mucho.
Lo peor: La demasiada carga política y la crítica social mal planteada.

Valoración: 6/10

Javier Haya

Tráiler


Y OS DEJO, CÓMO NO, LOS CRÉDITOS INICIALES



Sinopsis
Un hombre mayor y su hijo deambulan por campos y caminos, donde tendrán insólitos encuentros; entre otros se les aparece un cuervo que habla, y también San Francisco de Asís, que les manda predicar a halcones y gorriones.

 
 
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