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Mostrando entradas con la etiqueta Gabriel Byrne. Mostrar todas las entradas
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lunes, 17 de julio de 2017

'Dead Man'. El misticismo del crudo Oeste

Jim Jarmusch es un director diferente, un cineasta único, se mueve por las sombras y rechaza las multis y es, sin embargo, no sólo uno de los más brillantes de su generación, sino de los más influyentes. Con un cine lento, reposado y a la vez más fresco que un caramelo Halls. Posee la rara habilidad de mezclar la pesadez de los largos planos, de la repetición, con la frescura de la filosofía sencilla, de la agradable sorpresa.


Lo menos parecido a un profeta en su tierra, mejor valorado en Europa (sobre todo en Francia y su edén particular que es Cannes) que en unos Estados Unidos cuya Academia del cine no ha tenido nunca la consideración de nominar al Oscar (¿qué sabrán los putos academicos -qué diría Max Estrella- si prefieren 'Figuras ocultas' (2016) a la perfección de lo cotidiano que representa 'Paterson' (2016), si prefieren 'Babe, el cerdito valiente' (1995) a 'Deadman' (1995)) a un hombre que tiene en su filmografía películas de la talla de 'Extraños en el Paraíso' (1984) o Flores Rotas (2005); Jim Jarmusch es admirado y ninguneado por partes iguales, pocas veces detestado, lo que suele suceder con los buenos artistas.


'Dead Man' es la mejor plasmación del Purgatorio que se ha visto en el cine.  Purgatorio por donde vagan personajes que buscan, más que la salvación o la expiación de los pecados, sobrevivir en la vida eterna. Ya el prólogo en el tren, sudoroso, lento y soñoliento, siempre entre fundido y fundido a negro, se puede comprender como el paso de una vida a otro, de un mundo a otros. William Blake (un Johnny Depp que nos demuestra, una vez más, que con los años ha perdido en todos los sentidos) muere para renacer en un lugar que le resulta por completo ajeno. Un mundo de repudiados, de cobardes y malditos.

La cinta ha sido interpretada también como un alegato a favor de los valores de los nativos americanos, tan masacrados por el colonizador europeo, sin embargo, Nobody (Gary Farmer) aunque posee una sensibilidad emocional y artística de la que el resto de personajes carecen, y aunque predica una filosofía ancestral (y bastante ambigua, extraña como el humor de los indios [nativos americanos, perdón] del que habla Lucia Berlín en su relato 'Lavanderia Angel'), no repudia la violencia física, aunque puede deberse a que también él está contaminado por la cultura occidental. Lo que puede conducir a pensar que Jarmusch le da gran importancia a la educación y las experiencias vitales, y que la violencia no es innata al ser humano, sino una enfermedad de fácil contagio. No olvidemos que el propio Nobody es quien enseña a disparar a William Blake.


Los personajes que transitan por la película son perfilados de forma vaga y misteriosa, parecen todos ellos condenados al dolor y a inflingirlo. La muerte posee en 'Dead Man' un elevado contenido poético que transita a caballo entre el humor y la tragedia: tiroteos disparatados, planos descontextualizados y un montaje espacial no siempre bien definido, le dan a 'Dead Man' un punto de difusión, de misticismo, que le sienta maravillosamente. El director de Ohio, que se autoconsidera delitante, y no está excesivamente preocupado en la profundización sino en la transmisión de sentimientos y emociones, sabe combinar un humor estrafalario con el sinsentido existencial de un personaje que ni siquiera sabe quien es.


En realidad nadie sabe muy bien ni quien es ni donde se encuentra. Iggy Pop, amigo de Jarmusch con el que realizó el año pasado un documental sobre su banda The Stooges llamada 'Gimme Danger' (2016), interpreta a un vagabundo obsesionado con la Biblia que se reúne con violentos pistoleros. Los ojos tristes de Gabriel Byrne que dan vida (un pequeño hálito no más) al hijo del magnate del pueblo tampoco parecen muy seguros de hacia donde se dirigen ni porque abandona a su prometida. Los únicos que parecen tener las cosas claras son los que no dudan en empañar el rifle y disparar a las primeras de cambio, Alfred Molina en el papel de tirano evangelizador, Lance Henrinksen como el asesino a sueldo Cole Wilson y sobre todo, Robert Mitchum, en su última aparición en el cine, en la piel del temible John Dickinson, el magnate y cacique de Machine,  más cruel y digno de repudio que Harry Powell en 'La noche del cazador' (1955).


'Dead Man' es un pequeño relato de tono absurdo y onírico sobre la identidad, sobre la huida y las diferentes vidas que puede tener un mismo alma (en verdad no sé muy bien sobre que va, yo también ando algo perdido como el bueno de Johnny). Pero lo cierto es que es una película con un punto hipnotizante muy recomendable, una experiencia disfrutable. Y no sé veía un western en blanco y negro, porque hay que tenerlos cuadrados para hacer en blanco y negro una del Oeste que tan bien le sientan los tonos pardos de la tierra y el azul cielo, por lo menos desde la época de John Ford, además la fotografía es preciosa.

Lo mejor: La iconoclasia de Jarmusch que derrumba la leyenda del Oeste (el purgatorio/infierno, si John Wayne levantase cabeza...
Lo peor: Es un poco indecoroso usar actores de la talla de John Hurt o Gabriel Byrne para dos minutos, que decir de Mitchum.

Valoración: 7/10

Javier Haya

Tráiler


Sinopsis
William Blake decide abandonar su puesto de contable en Cleveland (Ohio) después de recibir una oferta de trabajo en Machine, una inhóspita ciudad industrial en el Oeste de los EEUU. Sin embargo, cuando llega, resulta que su puesto lo ocupa otra persona. Charlie Dickinson, el hijo del propietario de la empresa, mata a su mujer cuando la encuentra en la cama con Blake, quien a su vez liquida a Charlie. De este modo, un simple contable de Cleveland se convierte en un "fugitivo" perseguido por tres cazadores de recompensas.

domingo, 25 de junio de 2017

'Muerte entre las flores'. Encrucijada de cobalto y pimienta negra

El tercer trabajo de los hermanos Coen es una de sus mejores películas hasta la fecha, renacimiento del gran cine negro (bautizado con la llegada del color con el nombre de neo-noir, aunque cualquiera se aclara, visto la disyuntiva de los teóricos sobre el género), salpimentado con esa chispa de los de Minnesota, ese humor a veces negro, a veces ácido, a veces inédito, a veces manido, siempre brillante. 'Muerte entre las flores' (triste intento de darle un desafortunado giro poético al denotativo 'Miller's crossing', literalmente 'El cruce Miller', ya que no hay flores en esta melancólica historia, solo hojarasca y algún capullo marchito) posee todos los elementos de las grandes películas de mafia: lunatismo, romances, amistad, traiciones, ¿ética?, rivalidad e incluso una peculiar femme fatale.


La historia es la de siempre, irlandeses e italianos disputan por hacerse con el control de una localidad norteña de los Estados Unidos, son los no tan felices años 20. La mayor aportación de los Coen al género es el guión, repleto de dobles sentidos y contradicciones, y maquillado con constantes pullas y respuestas ágiles. Ya el comienzo es toda una declaración de intereses, ese discurso moralizante e hipócrita del histriónico Johnny Caspar (Jon Polito) en el que habla de amistad, carácter y ética (no posee ninguna de estas virtudes, si acaso la segunda, pero es más bien un vicio), nos presenta al protagonista, a Tom Reagan (interpretado por un magistral Gabriel Byrne, al que desgraciadamente no hemos podido disfrutar lo suficiente en la gran pantalla), el lugarteniente de Leo O'Bannom (Albert Finney), personaje que se mueve por esas tres constantes: amistad, carácter y ética, y que mueve la historia alrededor suya; aunque eso sí, historia repleta de magníficos secundarios.


La pareja de secundarios más destacada es la formada por los hermanos Verna (Marcia Gay Harden) y Bernie (una película de los Coen sin John Torturro está algo vacía). Verna es la mujer que atrae a los dos amigos, es división, es ternura, es en cierta medida la inocencia de la película. Bernie es la representación de la traición, con una actuación sublime, en la que hace de lunático embaucador, John Torturro demostró ser ya hace casi treinta años el actor total y absoluto.

Entre fundidos a negro, a través de lentos y poderosos travellings se va configurando un negro relato contado de forma original, algo alejado del academicismo pero no por ello menos magistral. Impecable es ese extraño efecto Kulechov entre el niño, el perro y Rug Daniels, esa cámara que da pasos hacia atrás conforme Tom se lleva un rapapolvos de Leo o esa forma de esconder a Bernie en cada una de sus apariciones.


Pero dejando de lado los aspectos técnicos, que no es en absoluto la razón principal por la que brilla esta cinta, hay que destacar la sencillez con la que los Coen configuran personajes redondos, carismáticos, peculiares, un universo que va desde El Nota hasta Llewyn Davis pasando por Barton Fink, Anton Chigurgh o Osborne Cox, y, por supuesto, Tom Reagan, mordaz, duro, inteligente y a su modo, leal y moralista, algo difícil de encontrar por esas tierras. Los personajes de 'Muerte entre las flores' rompen los moldes del género negro, el héroe no es ni un Charlton Helston en 'Sed de mal' (y eso que la penúltima escena tiene claras referencias a la obra de Welles, el personaje de Jon Polito recuerda mucho al tío Joe, grotesco y sudoroso), no es la perfección moral, pero tampoco es el cinismo hecho persona, el todopoderoso Humphrey Bogart (paladín del cine noir, aunque siendo justo Boggie no está en absoluto encasillado, no tiene nada que ver, por ejemplo, Sam Spade con Steele, y estamos dentro del mismo género), es un personaje contradictorio, tambaleante, algo frágil, es, como bien le define Verna en cierto momento: "Un desgraciado orgulloso de serlo", una persona capaz de albergar en la mirada toda la tristeza del mundo, dejando hueco aún para la arrogancia.


Los antagonistas son además algo permisivos, duros pero permisivos, carismáticos en su crueldad como el Danés (J.E Freeman), y estúpidos pero entrañables como Leo o sencillamente hipnotizantes como Bernie. Además, los Coen, gente leal y maniática, le dan hasta un pequeño papel a Steve Buscemi y otro más pequeño a Frances McDorman (está si que está en todas, y no por se la mujer de Joel, que también, sino porque siempre reluce), sólo se echa en falta al gran John Goodman, pero viendo los tiroteos y las explosiones uno se olvida.

Lo mejor: El guión, la mirada de Byrne, la locura de Torturro.

Lo peor: La última escena, completamente prescindible.

Valoración: 8/10

Javier Haya


Tráiler



Sinopsis
Año 1929. Entre dos amigos surge una gran rivalidad a causa del amor de una mujer. Leo, un gángster que domina la ciudad, y Tom, su lugarteniente, se enfrentan en una guerra abierta que desencadenará traiciones, conflictos políticos, corruptelas y escisiones internas.
 
 
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