Rodada completamente con un iPod, recurso que se está asentando entre directores consolidados (véase Sean Baker), el director de 'Sexo, mentira y cintas de vídeo' (1989), presentó en la pasada Berlinale su última película, menos de un año después de que estrenase en nuestro país 'La suerte de los Logan' (2017), una comedia de acción con estética de blockbuster que pasó con más pena que gloria por la taquilla, a pesar de haber sido recibida entre vítores por la crítica.
'Perturbada' es un thriller psicológico protagonizado por una Claire Foy recluida en un manicomio que duda sobre su propia condición mental. La cinta, que ya ha sido estrenada en numerosos países como Estados Unidos, Alemania o Canadá, llegará a las salas españolas el 4 de mayo. Veremos si da que hablar de nuevo Soderbergh, un hombre que atesora éxitos y polémicas, entre los primeros se encuentra 'Traffic' (2000), con la que ganó el Oscar, la saga Ocean's (11,12 y 13) o la diada de largometrajes dedicados a la figura del Che Guevara, entre los segundos podemos nombrar 'Behind the candelabra' (2013), un drama protagonizado por Michael Douglas y Matt Damon que finalmente fue estrenado en televisión por HBO tras el pretexto de las grandes productoras de que se trataba de una cinta 'demasiado gay', literalmente.
Se reestrena en cines el próximo 2 de marzo el documental 'Pero que todos sepan que no he muerto', narrado por Miguel Ángel Muñoz y estrenado mundialmente en el pasado Festival de Berlín. En él se explora el tema de la memoria histórica en España y la represión que las lesbianas, gays y transexuales sufrieron bajo el franquismo, todo ello tomando como nexo de unión la figura y la poesía de Federico García Lorca.
La película ha sido escrito y dirigido por Andrea Weiss y en las últimas semanas ha participado en AndaLesGai (Andalucia), FanCineGay (Extremadura) o LesGaiCineMad (Madrid), entre otros festivales. Ahora os dejamos con el tráiler:
Ráfagas de viento arrasador pero fresco sacudió hace un mes Málaga, poco antes lo hizo sobre el cielo de Berlín, como los ángeles en la película de Wim Wenders. Hablo de 'Verano 1993', la ópera prima de Carla Simón, un relato con un alto contenido autobiográfico, un ejercicio de retrospección en el que nos cuenta su primer verano con su familia adoptiva, tras la muerte de sus progenitores a causa del SIDA.
La critica habla maravillas de la película. Sólo el tráiler ya desprende una especie de belleza nostálgica, como si aquello que viésemos lo hubiésemos vivido también nosotros en nuestra infancia. Quizás sea porque todos tenemos algo que proviene del mediterráneo, y las desgracias y las alegrías compartan allí algún elemento común. Pero cuando echamos, cuando echo al menos yo, la vista atrás, imagino los recuerdos con los colores vivos pero desaturados del trailer de Simón. Encuentro incluso lugares comunes, como la poza que sirve de piscina o el mercado de productos frescos.
El reparto resulta interesante. Laia Artigas es Frida, la niña protagonista, en el brillo de sus ojos se advierte la inocencia, el miedo y la esperanza en apenas dos minutos de avance. David Verdaguer, al cual hemos visto en otras óperas primas como 10.000Km (2014), hace de padre, mientras que en el papel de madre encontramos a Bruna Cusí, que en este 2017 se está cubriendo de gloria con la elección de sus dos primeros largometrajes estrenados en salas: la última de Villaronga y el debut de Simón. Seguro que a la catalana le caerá alguna nominación en la próxima edición de los Goya a Mejor Actriz Revelación.
Tráiler
Sinopsis
Frida (Laia Artigas), una niña de seis años, afronta el primer verano de su vida con su nueva familia adoptiva tras la muerte de su madre. Lejos de su entorno cercano, en pleno campo, la niña deberá adaptarse a su nueva vida.
El pasado jueves día 11 de febrero comenzó la 66ª edición de la Berlinale. El festival quedó inaugurado con la nueva película de los hermanos Coen: '¡Ave, César!', festival que cuenta este año con un magnífico jurado encabezado por la actriz Meryl Streep, y en el cual también están personajes del mundo del cine de la talla de Clive Owen o Lars Eldinger.
El jueves pasado, a eso de las 11 de la mañana, fue presentada la última película de los Coen protagonizada por George Clooney, parece que la acogida por parte de los asistentes al festival de cine de la capital alemana no fue la esperada: silencio y tímidas carcajadas, la película está fuera de concurso, pero de haber entado no se hubiese llevado ningún oso a casa. El resto de cinéfilos y fans de los cineastas podremos descubrir la calidad de este nuevo trabajo el próximo viernes 19, fecha en la que llega a las salas de todo el mundo.
Sin embargo, el Festival de Berlín presenta muchas otras películas de diversos rincones del planeta: Alemania, EE.UU, Filipinas, Bosnia, Italia... Hasta el cine africano se ha hecho un hueco en esta edición con una producción tunecina. En total, son 18 las películas que compiten por llevarse el Oso de Oro a mejor película y los diversos Osos de Plata (a mejor dirección, gran premio del jurado, mejor actriz, mejor actor, mejor guión...).
El festival termina el próximo domingo día 21 y durante el mismo se podrá presenciar los últimos trabajos de actores como Colin Firth en 'Genius', un biopic británico donde comparte reparto con Nicole Kidman y Jude Law entre otros, o Emma Thompson, en otro drama biográfico alemán sobre el nazismo donde también aparecen Brendan Glesson y Daniel Brühl.
Ya lo sabéis, si queréis disfrutar de un cine inédito y poder asistir a presentaciones de películas junto a estrellas del cine del nivel de Meryl Streep o Daniel Craig, esta semana Berlín es vuestra ciudad.
Con apenas una cámara en el salpicadero de un taxi, Jafar Panahi vuelve a desobedecer la injusta prohibición de hacer cine que el gobierno iraní le impuso en 2010, y a modo de falso documental retrata una muestra de la capital de su país, una sociedad compleja, en la que las libertades individuales se ven limitadas a diario y los derechos humanos no tienen por costumbre cumplirse.
El destacado cineasta de la nueva ola iraní no gusta a las autoridades de su país, su cine ha sido perseguido y también él, que llegó a estar tres meses en prisión en 2010 por actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el estado, causas nada justificadas. De hecho, está condenado desde entonces a la inhabilitación durante 20 años de hacer cine, conceder entrevistas a los medios y viajar al extranjero. Trabaja por tanto desde la clandestinidad, y esta es, tras 'Esto no es una película' (2011) y 'Closed courtain' (2013), su tercera película esquivando la censura, tras otros grandes títulos como 'Offside' (2006) o 'El globo blanco' (1995) que le otorgaron fama mundial.
La idea primigenia de Panahi era la de filmar a sus clientes pidiendo permiso antes de apretar el botón de grabar; sin embargo, los iraníes conocen al cineasta y temen las posibles represalias de aparecer en una película proscrita, así que finalmente Panahi contó con la participación de amigos y familiares que hacen la función de actores/clientes junto al propio director, al volante del taxi mientras maneja la cámara. Todo un acierto, ya que no sabemos cuánta parte de la película está guionizada y cuánta no, pero la planificación previa permite un mayor dinamismo a la película. Eso sí, no podemos saber el nombre de todos los personajes que se suben al taxi, ya que las condiciones en las que se rueda la película no permiten la inclusión de títulos decréditos.
La trama de la película es sencilla: Panahi, que aparece siempre en primer plano al volante del taxi, lleva a todo aquel que necesite desplazarse por la capital iraní, ylos viajantes interactúan entre sí. Mientras se recorren las calles de Teherán se conversa de religión, de política, de ética, de costumbres sociales y, por supuesto, también de cine. Las personas que se suben al coche son de lo más variopintas, un contrabandista de películas y series extranjeras, una maestra, un ladrón confeso, un hombre gravemente herido y su desconsolada mujer, dos señoras que necesitan hacer un trámite con urgente premura, y principalmente, la sobrina del propio director y la activista pro derechos humanos y abogada Nasrín Sotudé.
A pesar de la sencillez de la forma, ya que no hay que olvidar que la película está filmada íntegramente en un coche, el dinamismo de los diálogos y la disparidad de situaciones vividas en el taxi hacen de la película un entretenimiento inteligente que no aburre al espectador. Las situaciones cómicas se mezcla con el dramatismo y con una crítica social siempre presente, si bien se ve acentuada hacia el final, con la conversación que mantiene con Hana Saeidi (la sobrina) sobre la situación del cine en Irán, donde se permite y se quiere que se muestre lo 'real' (es decir, aquello que ayuda a perpetuar el poder y es benevolente con las autoridades) pero se censura lo 'real, real', que muestra las cosas tal y como son, posiblemente la esencia del cine neorrealista de Pahani. Esta realidad es sórdida según la profesora de la niña de unos 10 años de edad, que no acaba de entender del todo las diferencias de los dos estilos y que el director trata de explicarle. Fue la misma Hana la que se encargó de recoger el Oso de Oro al mejor largometraje en el Festival de Berlín del año pasado, como consecuencia de la prohibición que impide a su tío salir del país. Con Sotudé el tema de debate se centra en lo meramente político, se habla sobre una presa política que representa la abogada (la condición de la mujer en el país islámico es un asunto que concierne a Pahani y que trata en varias de sus películas) y también se hace mención a la experiencia vivida por ambos con la represión (los dos han pasado por la cárcel debido a su ideología y su importancia como líderes de opinión, que los convierte en personas peligrosas para el régimen iraní).
De esta forma, calmado en todo momento e incluso sonriente de manera ocasional, Jafar Pahani vuelve a hacer gala de su maestría en la dirección, compaginando sátira, drama, discurso político y belleza discursiva, y firmando una obra que gustará a todo aficionado al cine alternativo e inteligente.
Lo mejor: Las escenas que comparten el director y su sobrina.
Lo peor: Las condiciones a las que se ve obligado a trabajar Panahi.
Un taxi recorre las vibrantes y coloridas calles de Teherán. Pasajeros muy diversos entran en el taxi y expresan abiertamente su opinión mientras son entrevistados por el conductor que no es otro que el director del film, Jafar Panahi. Su cámara, colocada en el salpicadero del vehículo, captura el espíritu de la sociedad iraní a través de este viaje.
En una casa supuestamente normal, con miembros de la Iglesia, como son, una monja y sacerdotes, viene a visitarles un hombre, el Padre García (Marcelo Alonso) que quiere descubrir lo que realmente está pasando en esa casa, pero no solo eso, sino que todos los que habitan en esa casa no es por casualidad, sino que cada uno tiene un pasado oscuro que este debe descubrir.
El director chileno Pablo Larraín ya se estaba haciendo un hueco muy importante en el mundo del cine con obras como Post mortem o No y, con esta última ha demostrado porqué debe quedarse. Además, recientemente ha saltado la noticia de que dirigirá en Hollywood a nada más y nada menos que a la actriz Natalie Portman, por lo que tendremos a Larraín para rato.
Centrándonos en el film, más en concreto, en el trabajo de actoral, está claro que, sin ellos, la película no hubiera sido lo que es; ellos se convirtieron en los propios personajes, sentían lo mismo que esos personajes y lograban transmitirlo a la perfección. El trabajo de Antonia Zegers como la Hermana Mónica es notable. Cabe decir que estos son actores ya experimentados que han trabajado juntos, así como en otros trabajos con el director, lo que ha hecho todo, seguramente, bastante más fácil.
La película está tratada con un ritmo pausado, lento, que en ocasiones, puede llegar a aburrir a los espectadores, sin embargo, este es el ritmo adecuado para este tipo de films. Poco a poco nos vamos metiendo dentro de esa casa y de las personas que en ella se encuentran y viendo que la manera en que se van contando las cosas le da ese toque especial.
Respecto a la atmósfera, esos colores apagados, el propio tratamiento de los actores, los planos fijos, el sonido, todo ello ha hecho crear un mundo dentro de la película que retrata la temática de la película a la perfección. Ha habido un gran trabajo de fotografía que, apoyado con la fuerza del sonido o, mejor dicho, del silencio, ha conseguido realizar la que, seguramente, luchará en la próxima gala de los Oscar; de momento ya ha conseguido el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín.
Me gustaría acabar con una frase que dijo un compañero: El club es cine, da igual si lo ves en el móvil, en casa o donde sea, pero El club, es cine.
Lo mejor: La atmósfera que se crea.
Lo peor: Puede que, en ocasiones, demasiado lenta.
Cuatro hombres conviven en una retirada casa de un pueblo costero, bajo la mirada de una cuidadora. Los cuatro hombres son curas y están ahí para purgar sus pecados. La rutina y tranquilidad del lugar se rompe cuando llega un atormentado quinto sacerdote y los huéspedes reviven el pasado que creían haber dejado atrás.