Como ya adelantamos hace meses, Kevin Spacey ya no iba a aparecer en la sexta y última temporada de 'House of cards'; por ello, todo el mundo se preguntaba si esto afectaría, no solo al desarrollo de la serie sino también a la calidad de la misma. La verdad es que, tras ver los dos primeros capítulos, las preocupaciones que los usuarios tenían, se han vuelto realidad. Y es que, a pesar de que Robin Wright es una gran actriz, el vacío que deja el actor, es importante.
Como anunciaron en las noticias debido al tráiler de la serie, Frank Underwood es encontrado muerto en su cama, por ello, Claire se convierte de la noche a la mañana en la primera presidenta de Estados Unidos. Ahí deberá liderar por ganarse el respeto, no solo de sus oponentes más directos, sino también de su propio equipo. Además, recibira amenazas de todo tipo e incluso intentos de asesinato que no le harán moverse de su "trono".
A pesar de que la premisa tiene bastante potencial para que la serie siga siendo un éxito, el poder de atracción que esta conseguía con Spacey, no es el mismo sin él. Cierto es que el resto de personajes principales como Doug Stamper (Michael Kelly) o Seth Grayson (Derek Cecil) se mantienen en la serie; también nos confirman que el actor que interpreta al presidente de Rusia también hará su aparición para intentar que la serie cobre la fuerza que ha perdido.
En conclusión, a pesar de que la apuesta de Netflix por la serie es fuerte, esta no ha cumplido (al menos en los primeros episodios) con las expectativas que prometieron. El problema, no solo es que la audiencia hecha de menos al actor, sino que en la propia serie lo nombran bastantes veces lo que hace que no nos podamos olvidar de él. No obstante, veremos cómo se desarrolla esta última temporada que se avecina agridulce, mientras tanto, solo queda esperar. Para quien no haya visto esta última temporada, os dejamos con el tráiler.
Ya por todos es bien sabido el escándalo sexual en el que Kevin Spacey se ha visto invuelto. No obstante, lejos de cancelar una de sus más exitosas series, Netflix le dio una vuelta de tuerca y, ahora le ha otorgado el poder a su esposa Claire Underwood (Robin Wright). Además, por todo lo que el nuevo tráiler parece indicar, no es que esta le haya relevado, sino que el presidente ha muerto y ella se verá "obligada" a tomar el cargo como líder del páis más importante del mundo.
Además, no solo podemos ver que el estreno será el 2 de noviembre sino que, también ha sido ella misma la que ha organizado todo para llegar al poder. Esta será, como ya se anunció hace tiempo, la última temporada de una de las series de mayor éxito en la plataforma online. Aunque Frank Underwood ya no esté, sabemos por propia experienca que está será una temporada que no nos podemos perder; mientras tanto, os dejamos con el tráiler.
La última temporada de una de las series de mayor éxito en Netflix está a punto de comenzar, por ello, nos han dejado este pequeño adelanto que, a continuación, os mostraremos. Después del escándalo de Kevin Spacey, la productora decidió dar punto y final a la serie, sin embargo, todo parece indicar que acabará por todo lo alto.
En esta ocasión, parece que será Robin Wright la que tenga un mayor protagonismo y es que, al llegar al poder, la pareja Underwood se asegura otros cuatro años de poder en el gobierno. Aunque todavía no sabemos la fecha exacta, sí que nos informan que será en otoño. Os dejamos ya con el teaser.
Como casi siempre cumplo los pactos cuando es entre caballeros, tenía que escribir esta crítica. 'Todo el dinero del mundo' llegará a las salas españolas salpicada de polémica, y antes de dejarla de lado para hablar de cine (parafraseando, aunque sea una temeridad por mi parte, a Arturo Valls) expondré mi teoría sobre la expulsión de Kevin Spacey del reparto: Ridley Scott se aferró al pretexto del acaso para reemplazarlo por Christopher Plummer,arrepentido de su elección primigenia al ver a Spacey convertido en un personaje de 'Lazy Town' (2004) más que en un señor mayor 'muchimillonario'. Ahora sin sonar frívolo, la rectificación es excelente, porque no sólo el papel de Paul Getty no parecía hecho para el actor de 'American Beuty' (1999) y su horrenda máscara de maquillaje, Plummer es el lúcido ejemplo de que "más sabe el diablo por viejo que por diablo", cerca de cumplir los noventa, el canadiense efectúa otro recital de interpretación que le ha servido para otra nominación a los Oscars. De ganarlo sería el actor más mayor en hacerlo, ¡qué coño!, ya lo es por 'Beginers' (2010).
Ridley Scott no llega a deslumbrar como los flashes de las cámaras que persiguen a Gail Harris (Michelle Williams) por las calles de Roma, pero sorprende gratamente con un ejercicio de cine clásico conciso y contenido. La historia (nada del otro mundo) sirve de pilar para perfilar a tres interesantes personajes, a los ya citados Gail y Paul, se suma un peculiar Cincuanta (interpretado sin demasiada convicción, aunque con romanticismo, por Romain Duris). El personaje de Marky Mark, perdón Mark Wahlberg, se pasea por la historia pasando bastante desapercibido, lo cual ya es un logro.
Se echa en falta de hecho, un mejor desarrollo de la relación entre Cincuanta y Paul Getty III (Charlie Plummer, con un registro algo sosainas y sin guardar relación con su abuelo en la ficción) que explique ese síndrome de Tombuctú, es decir, lo contrario al síndrome de Estocolmo atendiendo a la canción de Javier Krahe. También se hubiese agredecido quince o veinte minutos más de metraje que mostrase el desmoronamiento de Paul Getty II (Andrew Buchan) y la disolución de la familia, con tal de definir los polos de la historia.
La película gana color tras la media hora, cuando se deja de lado la facilona voz en off y ese recurso tan propio de Oliver Stone de ir y venir del blanco y negro a toda la gama cromática. Cuando la trama se asenta en el secuestro en sí, y comienza a perfilar la psicología del magnate del petróleo. La guerra entre Gail y su suegro, entre Cincuanta y su mafioso contratador son dos caras de la misma moneda: los ricos siempre tienen el poder, los pobres parecen partir con la moral y las buenas intenciones. Toma y daca por ambas partes que dotan al argumento de una coherencia interna muy beneficiosa.
Ahora bien, Scott, compinchado con su guionista David Scarpa (habrá que leer la novela de John Pearson) no se olvida de darle un palo a los comunistas, de profundizar en el estereotipo del italiano (si es sureño con más motivo) corrupto, de mostrar como el huracanado poder de la prensa sensacionalista es capaz de convencer a la masa engañada, no a los que la manejan (aunque en ocasiones juegue en su contra). Ideas más o menos polémicas y discutibles que acaban conformando un relato algo tradicional, tanto en forma como en contenido, pero hermoso en la forma que propone su tesis: el precio de la felicidad y el dinero como vicio y prisión.
Esa es la máxima central, Paul Getty como persona que lucha por decidirse entre sus dos entes más queridos: el dólar y su nieto, dos cosas que pueden ser materiales o no, según se mire. La decisión parece estar tomada desde el principio, pero eso no impide que Paul Getty sea también la persona que sufra, que se de cuenta, cuando las ciruelas podridas de su árbol comienzan a quedar ocultas bajo tierra, que todo lo inmutable que lo rodeaba no hacía sino recordarle a ese nieto que un día tuvo, y que su codicia, su estúpida codicia, lo separo de él. Este análisis se basa siempre en la historia de ficción, no olvidemos que la película está basada en un acontecimiento real y que el perfil del magnate y sus motivos para no pagar el rescate pueden no ajustarse a lo que esta muestra.
Lo mejor: El confrontamiento entre Williams y Plummer.
Lo peor: La muy innecesaria escena sangrienta, moralmente digna de supresión que empaña en parte un relato pulcro y poco sensacionalista.
Hace un par de semanas, USA Todaypublicaba una información que volvía a poner la última película de Ridley Scott en el ojo del huracán: Mark Whalberg había cobrado 1'5 millones de dólares frente a los 10.000 dólares de su protagonista, Michelle Williams, por el mismo trabajo realizado. Si en noviembre 'Todo el dinero del mundo' (2017) se convirtió en noticia (tiempo antes de su estreno) por causas ajenas al producto, ahora lo vuelve a hacer por la hipocresía de su director.
Fotograma de 'Todo el dinero del mundo', Scott debe sentirse como Williams en esta imagen tras el destape de la última polémica
El debate sobre si Kevin Spacey debía o no debía ser eliminado del reparto una vez se dieron a conocer las distintas denuncias contra el artista de New Jersey por acoso sexual admite varias posturas. La mía distingue entre la labor como actor y el comportamiento humano. Spacey es uno de los mejores actores de su generación, y eso es inmutable, aunque en su vida privada se dedicase a devorar bebés. Su vida delictiva es responsabilidad del fiscal y del poder judicial. Aunque es compresnsible que se relegue al temible Keyser Socer al ostracismo profesional como consecuencia de estas acusaciones, cómo ya hiciesen en 'House of Cards', nadie quiere trabajar con un pervertido que abusa de su posición de poder. Menos comprensible resulta que se le expulse una vez ya se ha grabado la película (es un concepto casi propio del universo Black Mirror, imagínense que en unos años en lugar de ver a Kevin Spacey veamos un borrón gris y una voz distorsionada en 'American Beuty' (1999)o en 'L.A Confidential' (1997)), sobre todo por los costes que esto implica.
Sobre los costes de producción precisamente deriva la segunda polémica. La elección en un primer momento valiente de Ridley Scott ha acarreado, finalmente, más abucheos que aplausos. Tras la sustitución de Spacey por Christopher Plumber (a simple vista mejor opción desde un primer momento, ya que parte con la edad del personaje que le toca encarnar, y porque el canadiense, casi nonagenario, está viviendo su época más fructífera en la gran pantalla), el director anunció que ningún miembro del antiguo reparto cobraría por repetir las escenas. Afirmación desmentida por las informaciones del USA Today.
Caracterización de Kevin Spacey en 'Todo el dinero del mundo', quizás el escándalo protagonizado estos últimos meses le haga envejecer tan rápido
En esta ocasión, peor le va a sentar el remedio que la enfermedad a Ridley Scott. El caballero de la corte de Isabel II no se ha comportado como tal, es más, la etiqueta de mentiroso difícilmente se la va a quitar de encima, como la de acosador Kevin Spacey, que por cierto, está ya en rehabilitación tratando su adicción al sexo. Sin embargo, esto no será tampoco impedimento para ir a ver la película, ni para menospreciarla. Película que tiene una pinta muy atractiva, y casi todos los ingredientes para tratarse de un buen thriller, a pesar de que Mark Whalberg forme parte del reparto.
Mark Whalberg, ese hombre que ha demostrado tener más dotes como sindicalista que como actor. Al igual que a mí (y a diferencia de Michelle Williams), a él no parecía importarle que Spacey saliese en la película, ventaja que tomó para condicionar su permanencia en el elenco a una mordida salarial que no le correspondía. Las amenazas parecieron surtir el efecto deseado, pero tras el destape del USA Today, la presión del movimiento Time's Up y de personalidades del mundo del cine como Jessica Chastain (una de las primeras en hacerse eco de la noticia), Whalberg ha tomado de su propia medicina y le ha tocado donar ese kilo y medio precisamente al movimiento Time's Up. Lo más curioso de todo es que ambos actores están representados por la misma agencia: William Morris Endeavor Enterntainment. Más de uno apuntaba por ahí que si hay un actor que merece ser mileurista, ese era precisamente Mark Whalberg. Pero como se dedica a hacer blocksbusters de medio pelo como 'Transformers: El último caballero' (2017)o 'Día de patriotas' (2016), resulta que es uno de los mejores pagados de la industria, que como dijo Lauren Bacall: "Es una mierda". Pero hablemos de cine, no del mercado. Por lo que respecta a uno y otro, Michelle Williams hizo llorar hace poco a más de uno (un servidor se incluye) con su interpretación en 'Manchester frente al mar' (2016), y la otra cinta en la que apareció el año pasado, 'Certain Women', apenas exhibida en nuestro país, es un relato de historias cruzadas sobre mujeres trabajadores bello y desolador, otra gran demostración de buen cine de la directora indie Kelly Reichardt. Mientras que la única aparición significativa que recuerdo de Whalberg en un film de mi agrado (lamento que 'Infiltrados' (2006) me parezca una obra sobrevaloradísima donde Scorsese nos cuenta por enésima vez la misma historia ya gastada y artificiosa) es 'The Fighter' (2010); película de David O.Rusell en la que un protagonista Whalberg se queda sin protagonismo por culpa de dos magníficos secundarios: un moscardón anoréxico aunque energético que no para de revolotear al rededor de la pantalla llamado Cristian Bale y una majestuosa Melissa Leo, de hecho, al salir del cine da la sensación que el director le ha dedicado demasiado tiempo al personaje equivocado. Ya la forma en la que cada uno llegó a ser estrella de cine dice mucho. Whalberg era un pijo gamberro con un cuerpo bonito que se dedicaba a rapear sin camiseta y a ganar pastizales como modelo de gayumbos. Diré más, hasta hace poco pensaba que Whalberg era de esos luchadores de la WWE reciclados al celudoide como DaveBautista o Dwayne Johnson (perdonen mi ignorancia), quizás la culpa sea de David O. Rusell o quizás de su medio registro actoral: al menos The Rock tiene carisma. Williams se emancipó con quince años para poder alcanzar una meta: dedicarse a la actuación. Williams es de las que ha hecho más teatro que publicidad. Menos mal, que al final el dinero no lo es todo en este mundo. Y sinceramente espero que 'Todo el dinero del mundo' me fascine. Mientras esperamos, les dejo con este magnífico videoclip de Whalberg cuando se hacía llamar Marky Mark. E
Una de las series de mayor éxito, 'House of cards', se despedirá este próximo año 2018 con una última temporada de 13 episodios, y es que parece ser que la última noticia sobre el escándalo sexual en el que está involucrado el protagonista de la serie, Kevin Spacey, ha hecho saltar todas las alarmas. Por ello, Netflix ha optado por su suspensión definitiva, aunque la productora asegura que la decisión ya estaba tomada antes del último escándalo.
Esta serie que nos ha enseñado que no hay barreras insuperables si se quiere llegar al poder ha tenido un gran éxito en todo el mundo y, a pesar del escándalo, estamos seguros que la última temporada será igual de exitosa que las anteriores.
La denuncia fue llevada a cabo por Anthony Rapp, que decidió contar el acoso que sufrió hace 30 años. Cuando el actor fue acusado, lejos de negarlo, intentó desviar la atención de los espectadores revelando al mundo que era homosexual; por fortuna, esto no restó importancia a la acusación. Además del intento de desvío de atención, Kevin Spacey escribió públicamente que no se acuerda de lo sucedido, que estaba ebrio y que por lo tanto, si llegó a ocurrir algo, él no fue consciente de ello y se disculpa por lo sucedido.
Netflix ya ha actuado, no solo cancelando la serie sino que además ya prepara un spin-off en el que todo parece indicar que Doug Stamper (Michael Kelly) será el protagonista. Veremos cómo se desarrollan los hechos, pero deseamos que, al menos, el final de 'House of cards' esté a la altura de lo que se espera y que este tipo de escándalos tengan sus pertinentes consecuencias.
'House of cards' ha vuelto y lo ha hecho por todo lo alto; tras el final de la cuarta temporada, que dejó a más de uno boquiabierto, el principio de la quinta no iba a ser diferente. Y es que, de momento, no ha defraudado en absoluto; como siempre, los Underwood están al mando y harán todo lo posible para que así siga siendo, a pesar de que tendrán que luchar contra viento y marea para evitar que Will Conway no les arrebate el poder.
Durante el transcurso de las temporadas, hemos visto cómo poco a poco, Claire Underwood (Robin Wright), ha cogido mucho más protagonismo hasta situarse al mismo nivel que Frank (Kevin Spacey), convirtiéndolos a ambos indispensables, no solo para el transcurso de la historia sino para mantener el éxito de la serie. Y, quién sabe, quizá Claire llegue a ser presidenta de los Estados Unidos en algún momento.
A pesar de que en algunos países se ha estrenado la temporada completa en Netflix, los seguidores de la serie en España deberán esperar un poco para poder verla entera ya que, en primer lugar, deberá ser estrenada al completo en Movistar+ hasta que pueda estar disponible en la red. Mientras tanto, para ir abriendo boca, os dejamos con el tráiler.
Baby, un joven y talentoso conductor especializado en fugas (Ansel Elgort), depende del ritmo de su banda sonora personal para ser el mejor en lo suyo. Cuando conoce a la chica de sus sueños (Lily James), Baby ve una oportunidad de abandonar su vida criminal y realizar una huida limpia. Pero después de haber sido forzado a trabajar para un jefe del crimen (Kevin Spacey), deberá dar la cara cuando un malogrado golpe amenaza su vida, su amor y su libertad.
Regresa el director de 'Scott Pilgrim contra el mundo' (2010), Edgar Wright. Por fin podemos ver de nuevo una película con el toque del cineasta inglés, el cual estará bien acompañado, ya que cuenta con un reparto de lujo como es Jamie Foxx, Jon Hamm, Ansel Elgort, Lily James, Jon Bernthal y Kevin Spacey. 'Baby Driver' se estrenará el 11 de agosto en Estados Unidos y una semana más tarde en España.
Como muchos sabéis, hace solo unas semanas que volvió House of cards, estrenando su cuarta temporada. Esperábamos que lo que ocurriera en ésta diera mucho de que hablar, y es que, a pesar de que yo solo he podido ver los 6 primeros capítulos, de momento está ofreciendo al público lo que prometía: más intriga, golpes inesperados y, como siempre, hablar frente a la cámara (su seña de identidad).
Para quien no conozca la serie, ésta trata de un político, Frank Underwood (interpretado magistralmente por Kevin Spacey), que quiere llegar a ser el presidente del gobierno a toda costa, sin importar, casi, quién se le ponga por delante. Para conseguirlo, necesitará la ayuda de su mujer, Claire Underwood (interpretada perfectamente por Robin Wright), la cual tendrá la misma sangre fría que su marido para llegar a lo más alto. Esta lucha por el poder tendrá su punto álgido en esta cuarta temporada que, sin haberla visto acabar todavía, promete mucho, puede que incluso más de lo que algunos esperaban.
Cierto es que aquí, en España, la serie no era muy conocida hasta que se estrenó la tercera temporada, en la cual, en nuestro país, comenzó a destacar entre el público de todo tipo, desde los más jóvenes a los más adultos; y es que, independientemente de la edad que se tenga, esta serie encandila a casi todo el mundo. También hay que añadir que la llegada, aunque tardía, de Netflix a nuestro país, supuso un 'plus' para los que todavía no sabían de ella.
Hace ya un año que comencé a hacerme gran fan de esta serie que, obviamente, no deja de sorprenderme con cada capítulo que pasa. No obstante, y gran parte del público estará de acuerdo, la tercera temporada fue, por decirlo de alguna manera, la más floja de todas. No quiero decir que sea mala, todo lo contrario. Sin embargo, después del listón tan alto que hubo en las dos primeras temporadas, parece ser que esta última flojeó un poco y se hizo un poco larga.
Por suerte para los más fanáticos, la cuarta temporada ha vuelto por todo lo alto y ha recuperado la esencia de las dos primeras, y eso se refleja desde el primer capítulo que nos ha enganchado a todos y no podemos dejar de verla. Creo que puedo decir, sin miedo a equivocarme, que, en la actualidad, no hay una serie mejor para ver que no sea ésta. No es solo la trama, es la actuación, es la fotografía... Son, en general, un conjunto de valores que han sabido unir a la perfección y hacer una gran serie como es ésta, House of cards.
El implacable y manipulador congresista Francis Underwood (Kevin Spacey), con la complicidad de su calculadora mujer (Robin Wright), maneja con gran destreza los hilos de poder en Washington. Su intención es ocupar la Secretaría de Estado del nuevo gobierno.
No se ha olvidado Tom Hardy del cine, al igual que Matthew McConaughey ('True Dective', primera temporada), el actor británico da el salto a la televisión este 2016. 'Taboo' es la serie que Hardy ha escrito junto a su padre y que se emitirá en el canal FX y en BBC One, de forma simultánea.
Aunque la serie ha sido escrita por Tom Hardy y su padre, ha sido el director Steven Knight -con el que Hardy coincidió en 'Locke' y en la serie 'Peaky Blinders'- quien se ha encargado de adaptar las ideas de los Hardy a la pequeña pantalla. Dichas ideas sitúan la acción a principios de S.XIX, con un Tom Hardy que interpreta a James Delaney, un aventurero que regresa a Londres después de habitar en el continente africano. En Londres, Hardy tendrá que defender el negoció familiar, que le ha dejado su padre tras su muerte, y forjar de él un imperio a pesar de las presiones de la East India Company. El elenco de actores está formado por asiduos a las series televisivas. Alguno de ellos son: Michael Kelly ('House Of Cards'), Jonathan Pryce ('Game of Thrones') Oona
Chaplin ('Game of Thrones') o Jefferson
Hall ('Vikings'). Tras las cámaras, Knight recibirá la ayuda de Riddley Scott y de Kristoffer Nyholm, quien ocupará el puesto de director para lidiar con los ochos capítulos de esta primera temporada.
La apuesta de Hardy por 'Taboo' empieza a ser un fenómeno normal entre los actores de cine. Ilustres de la gran pantalla han empezado a dar el salto a las series televisivas. El ya mencionado McConaughey se prestó a dar vida a uno de los detectives más misteriosos en la primera temporada de 'True Detective'. Kevin Spacey se ha convertido con la serie 'House of cards' en uno de los políticos más queridos por los críticos de Hollywood. El salto a la pequeña pantalla no es solo cosa del género masculino, ya que la actriz Madeleine Stowe -'El último mohicano', 'Cuando eramos soldados'- decidió participar en la serie 'Revenge' para dar vida a una de las anti heroínas más aclamadas.