Después del abrumador éxito de 'Bohemian Rhapsody' (2018) y sus 900 millones de dólares de recaudación, era de esperar que los biopics sobre artistas de la música pasaran a ser los guiones más buscados en las mesas de los productores.
Ahora le toca a Elton John, quien será encarnado por Taron Egerton ('Kingsman', 2015) y el film titulado 'Rocketman' estará dirigido por el mismo que dirigió las últimas semanas de rodaje del biópic de 'Queen', Dexter Fletcher.
Biopic que relata la vida del cantante, compositor y pianista británico
Elton John. Desde sus comienzos, como niño prodigio del piano y
estudiante en la Academia Real de Música, pasando por su juventud y su
carrera como cantante, cuando se dio cuenta de que lo suyo no era la
música clásica sino la música rock, hasta convertirse en una
superestrella internacional, incluyendo su influyente y perdurable
asociación musical con el letrista Bernie Taupin.
Tendremos la película en cines españoles el 31 de mayo de 2019.
Estamos viviendo una nueva época dorada de los biopics, un ejercicio de caída libre en la mente del creador en cuestión y en la cual los directores suelen salir mal parados y los intérpretes elogiados y recompensados. Julian Schnabel mete el dedo en la llaga con la turbulenta vida del pintor más conocido sobre La Tierra, Vincent Van Goth, al que Willem Dafoe presta su cara y locura.
Sobre el pintor holandés ya se ha contado todo (o casi todo) y aún así la última década llevamos una buena cosecha de homenajes en forma de documentales, docudramas, series y exposiciones; incluso hace dos años parecía que se iba a poner un broche de oro final con la increíble e imaginativa 'Loving Vincent', la animación creada al óleo con la misma técnica de Van Gogh.
A favor de 'Van Gogh, a las Puertas de la Eternidad', sin embargo, está una visión más amplia y con más cauces de la tortuosa vida de Vincent que ya todos conocemos. Julian Schnabel no ha querido repetir las fórmulas narrativas de su debut cinematográfico 'Basquiat' (1998), en la que muchos críticos tacharon de convencional y simplona, y en su admiración por el artista holandés sí ha dotado de importancia otros asuntos que tienen que ver con la pintura.
Julian Schnabel además de cineasta es pintor, y como buen pintor también se ha cuestionado su trabajo hasta límites que parecen inalcanzables. Me hace cierta gracia pensar que existe una dualidad de este debate interno con la persona que está mirando un cuadro en un museo y piensa: ¿Cuánto tiempo debería dedicarle a admirar esta obra? ¿La he entendido? ¿Debería pasar a otro cuadro? ¿Por qué pintaba girasoles todo el rato este señor?
La primera mitad de la película finaliza con la famosa oreja cortada y envuelta en un papel. Hasta entonces hemos aprendido sobre la inspiración de Vincent al crear sus obras, su amistad con Paul Gauguin y su hermano Theo y, por supuesto, su subsistencia basada en el "no encajo en este mundo" que lo llevaban a esos brotes psicóticos.
Willem Dafoe, quien se ha llevado una merecida nominación a los Oscars, y los planos subjetivos con la cámara al hombro esbozan la ajetreada mente del artista que solo sabe ser artista. El gran esfuerzo interpretativo del actor estadounidense queda secundado además por otras florituras técnicas como los filtros de colores (amarillo sobre todo) o ese extraño desenfoque parcial de la cámara que no recomendaría ver a gente con TOC. Un estilo a lo Terrence Malick que, si bien está consentido, volverá loca a una buena parte de la audiencia.
Pero lo más interesante para mí ha sido una segunda parte de la película donde se habla con más dedicación de esa puerta a la eternidad que atestigua el título. Lo que me ha parecido curioso (e inesperado) es que hay un encauzamiento al debate sobre si Van Gogh realmente era un buen pintor. Es interesante ver cómo el propio pintor empieza a dudar de sí mismo, y lo hace con dos magníficas conversaciones, clave en la película: con el reverendo y cuando pinta a su médico.
Lo mejor: Willem Dafoe (Oh senyor nostre!) y el proceso de creación de algunos cuadros de Van Gogh
Lo peor: Mucha floritura técnica para un biopic del que estamos cansados ya
'¿Podrás perdonarme algún día?' es la película que comparte título con las memorias de Lee Israel, una escritora en decadencia que dedicó una parte de su carrera profesional a falsificar cartas de famosos de la literatura, un relato peculiar con personajes inspirados a cargo de Melissa McCarthy y Richard E. Grant.
"Ha sido la mejor época de mi vida" fueron las palabras ante el juzgado de una escritora que se enfrentaba a una pena por falsificar y huir del FBI. Una frase que denota un arrepentimiento sin aparentarlo, pues hay que remontarse un poco antes de decretar algún vestigio de persona indecente/malvada.
Marielle Heller le da las palabras "alcohol", "arisca" y "solitaria" a Melissa McCarthy y ésta las bate bien para entregar un personaje consistente con un avinagrado sentido del humor que le da mucha viveza. En una escena de la película donde Lee Israel brama contra el exitoso Tom Clancy, a parte de la brecha salarial, nos está describiendo a una escritora ahogada en su fuerte pero amarga personalidad.
Lee Israel cree ver en Jack Hock un reflejo donde compartir problemas. Richard E. Grant interpreta a un "secundario" con bastante presencia en pantalla pero de dudosa intención. No obstante su extravagancia llena la pantalla de gracia y complementa el destino desgraciado y la peligrosa senda de Lee, formando una extraña pareja que encajan bien en el ritmo de la peli. Dos actores que intentan levantar un guion que se va venciendo por su propio peso. En un entretenido clímax donde Lee es perseguida por el FBI y perfecciona sus falsificaciones la experiencia se hace demasiado corta, todo por llegar a un desenlace que se toma un tiempo considerable para explicar una situación cómica pero inconclusa de los protagonistas después del "crimen".
Lee Israel no esperaba que la perdonasen en lo que fue el momento más emocionante de su vida. El éxito que obtuvo por su trabajo la recibió de la manera más inesperada, pero por fin veía recompensado su esfuerzo en la escritura (aunque fuese delinquiendo).
Lo mejor: Redescubrir a Melissa McCarthy
Lo peor: La historia tiene más de curiosa que de emocionante
Este fin de semana llega a la cartelera española 'Mi nombre es Te Ata', la inspiradora historia de una mujer india que llegó a actuar en Brodway gracias a la fuerza de su performance donde contaba leyendas de los nativos americanos. Este biopic llega año y medio después de su estreno en Estados Unidos pero nunca es tarde para conocer la vida de una persona tan importante en la cultura indígena y la tribu Chickasaw.
Su nombre, en realidad, era Mary Frances Thompson, nacida en Emet, hogar de la tribu Chickasaw que se convertiría poco tiempo después en el estado de Oklahoma. Fue criada bajo la atenta mirada de su padre, un orgulloso miembro de su tribu que le contaba cuentos y leyendas indias. Esta será una de las parejas más interesantes de la película, si no la que más, en la que la relación padre-hija dará un giro importante tras la madurez de la pequeña Mary Frances, quien decide ir a la universidad a estudiar bellas artes. Q'orianka Kilcher da vida a personaje tan ejemplar que inspiró a toda una nación en plena época discriminatoria contra los pueblos indígenas y su cultura. La actriz hawaiana, que se dio a conocer en 'El nuevo mundo' (2005), película dirigida por Terrence Malick y donde hacía de Pocahontas, destaca por su actuación limpia y cauta aunque se quede solo en eso, desvaneciéndose una oportunidad de brillar con fuerza en un gran papel protagonista.
Lo verdaderamente importante es la historia que se está contando, y dentro de ella los cuentos que se transmiten entre generaciones, la capacidad de dar continuidad a un pueblo originario con la simple acción de contar sus hazañas y tradiciones. Porque las historias, al fin y al cabo, están para ser contadas al exterior, salir y dar a conocer lo que te enseñaron desde niño. La película narra perfectamente este hecho, nunca mejor dicho, pero casi seguro se pierde cuando transmite otras sensaciones como la fascinación de la pareja sentimental de Te Ata, o los recelos de una sociedad racista que no consiguió hundir la carrera de la artista.
La fuerza de 'Mi nombre es Te Ata' reside en la trascendencia de lo que sucedió. Me atrevo a decir que la mayoría de gente (y me incluyo) no conoce la vida de esta mujer, al igual de otras tantas mujeres que no fueron reconocidas por su trabajo en su momento. La de Te Ata es una historia que conmueve no tanto por el sufrimiento o por cómo llego hasta la fama, si no el por qué lo hacía, por qué "abandonó" su hogar para encumbrar la historia de los suyos.
Lo mejor: Que se dé a conocer una historia tan importante y a la vez tan desconocida.
Lo peor: No llega a ser tan inspiradora como ella quisiera.
Son tan infinitas las formas de hacer un biopic, como las que ofrecen los protagonistas que ocupan la cinta. Muchas opciones permiten engrandecer la figura del rostro homenajeado con belleza, dureza y emoción -'El francotirador' (2014) de Clint Eastwood- y muy pocas e incluso únicas son las que ofrece el director Pablo Larraín: hacer anti-poesía de la imagen poética de Pablo Neruda. Distanciado de su sobria pero densa 'Jackie' (2016), Larraín hace de 'Neruda' el retrato menos romántico del poeta chileno.
Lejos del retrato cariñoso y divino de 'El cartero (y Pablo Neruda)' (1994), 'Neruda' desmitifica el mito, rindiéndole un ejercicio de realismo poético que versa entre la dureza y la belleza. Porque como dice Larraín, 'Neruda' no es un biopic del poeta sino una obra nerudiana en que no se relata la vida y 'milagros' de Neruda sino su ser: todo respira, actua y siente según el poeta. Una cinta metapoetica que nos traslada a 1948, cuando Neruda siendo senador chileno denuncia al presidente chileno, González Videla, de traicionar a los comunistas. Un discurso político que inicia la desaparición del Partido Comunista chileno y la clandestinidad del fugitivo poeta, que emprende un viaje de huida por Chile y los Andes. Pero Larraín no construye algo épico de la persecución sino algo que se lee lentamente para alargar la lectura que desvirtúa el recuerdo de un ilustre de las letras.
Todo lo que percibe el espectador tiene algo de Pablo Neruda, una película inmensamente de autor que convive con la mentalidad enfermiza del premio nobel de literatura de 1971. 'El poeta no hace el amor con una rosa entre los labios' resulta el primer aviso de la monstruosidad del personaje que relata el policía ficticio (un más que correcto Gael García Bernal) que se ha inventado Neruda (un brillante Luis Gnecco) para engrandecer su leyenda, su mito, su estatua dorada que persiste en nuestro recuerdo. Se dibuja un Neruda que encuentra, en su gusto por las novelas policiacas, la herramienta para persistir en su afán narcisista de construir una persecución policial intensa y astuta. Un deseoso clásico relato cinematográfico de policías y héroes fugitivos que con suma habilidad y delicadeza Larraín ridiculiza con comicidad. 'Neruda' narra el deseo egoista del poeta más humano por dormir en la cima de la civilización que termina por definirle como un 'enemigo publico y un amante inolvidable'. Larraín consigue difuminar el discurso alegre, cariñoso y romántico para implantar en la memoria del colectivo, la imagen de un poeta enfadado con la cara triste y lleno de palabras amargas que se visibiliza en un cierre poético en que el uso reiterado y transformador del verso 'Puedo escribir los versos más tristes esta noche' cobra sentido para hacer aún más triste y aspero el recuerdo del más celebre poeta.
Un relato bello y poético que se escribe con una dureza formidable que describe un celebre de nuestras artes como un ilustre detestable, a partir de un montaje fantástico que consigue estar a la altura de la narración. Una cinta que empieza con una discursiva política, que no termina por convertir el film en una reflexión política, pero que si consigue describir un devastador paisaje de represión y tortura con sutileza y sin desencajar. Con una fotografía elegante y una musica solemne que no hacen más que construir una pieza llena de sentido que roza la perfección.
Lo mejor: la capacidad de Larraín para desvirtuar poéticamente una leyenda de la poesía con su recuerdo.
Lo peor: como se alarga excesivamente la historia en momentos puntuales
Año 1948, el senador Pablo Neruda ofrece un discurso en el senado contra el presidente Videla que provoca la desaparición del partido comunista y la clandestinidad del poeta. Biopic del poeta más grande, que muestra la cara más oculta de Neruda durante su exilio.
El cine vive su época biográfica. Para bien o para mal (mi opinión se aproxima a la segunda opción), un alto porcentaje de las películas que se estrenan cada semana en las salas de todo el mundo narran, enseñan o explican la vida, una experiencia vital o episodio existencial si acaso, de algún personaje que haya sido de cierta transcendencia para la humanidad (más bien para el punto de vista del director, guionista o productor, que en muchas ocasiones está claramente desviado de la realidad).
Quizás parezca demasiado crítico con los conocidos biopics, y desde luego hay algunos que son auténticas obras maestras del séptimo arte: 'Amadeus' (1984), 'En el nombre del padre' (1993) o 'Hacia rutas salvajes' (2007). Muchos funcionan mejor como ejercicio de suspense o dramático que como documento biográfico fiel, un buen ejemplo sería la magnífica 'Una mente maravillosa' (2001). También están aquellos que triunfan por la peculiaridad del personaje retratado, y una buena dirección claro está, más que por la resonancia de su protagonista. Además de los ya citados se me ocurren 'El hombre elefante' (1980), 'Serpico' (1973) y 'Toro Salvaje' (1980).
Y sí, a veces es más complejo adaptar un relato basado en hechos reales con personas reales, que crear una historia de ficción desde cero. Pero eso no resta para afirmar con toda certeza que los relatos biográficos son una auténtica plaga. Esta misma semana, sin ir más lejos, se han estrenado en España dos: una entrevista entre Elvis Presley y Richard Nixon (la enésima cinta sobre el bueno de Dick) y 'Experimenter: La historia de Stanley Milgram', sobre un profesor de Yale. Y esperad, porque si no tenéis suficiente, la semana que viene se estrena un thriller sobre el asesinato de Trotski a manos de Ramón Mercader.
Más allá de la proximidad de los hechos narrados con la realidad, hay historias que no interesan ni aunque las dramatice Tenesse Williams o las manipule el más original de los mitómanos. En menos de un lustro se produjo un documental sobre el modista Yves Saint Laurent y su correspondiente biopic de nombre homónimo, un fuerte aplauso para los campeones que se tragaron ambos.
Adivinen ustedes quien se ha hecho ya un abonado a los biopics de dudosa calidad. Exacto, el de la primera fotografía, el respetadísimo Clint Eastwood, que desde que es octogenario sólo realiza películas basadas en hechos reales (si pasamos por alto, y será lo mejor para no manchar aún más su excelente trayecoria, 'Más allá de la vida' (2010)). Con 'Invictus' (2009) hasta le salió bien la jugada, el gran público se la aplaudió, aunque a muchos nos supo a poquísimo tras haber estrenado el año anterior 'Gran Torino' y 'El intercambio' (también basada en sucesos reales, pero en clave de drama claustrofóbico y sencillamente sobresaliente).
Creo que esa fue la muerte del mejor Eastwood como director, del que siempre se esperaba lo mejor. 'J. Edgar' (2011) y 'El francotirador' (2014) no tuvieron la trascendencia acostumbrada a las obras del tipo duro por antonomasa de San Francisco. ¿Qué decir de 'Jersey boys' (2014)? ¿Un musical sobre un grupillo de rock del montón, sobre cuatro personajes vulgares con sus vulgares problemas y tratado a ritmo de telefilm más que de musical de Broadway, dónde ni la música cautiva? ¿Dónde está el Clint de 'Mystic River' (2003)?
Clint Eastwood se resigna a jubilarse, dice que siempre hay nuevas historias que narrar y la gente quiere que sea él el cuentacuentos. El argumento es de mucho peso, por eso no termino de creerme que su nueva película, 'Sully', sea un melodrama centrado en el piloto del Vuelo 1549 del US Airways. Un avión que ni siquiera llegó a estrellarse, ni siquiera dejó víctimas mortales. Un susto y para casa, chicos. ¿A quién le puede interesar una historia así
Además, el guión está basado en un libro cuyo co-escritor es Chelsey Sullenberg (el de la derecha de la segunda foto, sí, sé lo que estáis pensando, el propio piloto). Siento ser tan escéptico sobre los últimos trabajo de Eastwood, me recuerda en cierta medida a Woody Allen (todo lo que dos cineastas tan antagónicos pueden parecerse) en el aspecto de que son dos colosos del séptimo arte que se resisten a jubilarse pero ya no trabajan con la misma solvencia que antaño.
Esperemos que 'Sully', protagonizada por el prolijo Tom Hanks (que cuando quiere actúa como el culo, tal y como evidencia la sonrisa de la foto) , no sea una cinta tan intrascendente como puede parecer viendo el tráiler y leyendo la sinopsis. Pero mucho me temo que con todo este ajetreo, Clint Eastwood ya ha quemado su último cartucho y su cámara ya no atraviesa los sesos de cualquiera.